El otro día estaba platicando con una amiga de la preparatoria, trato de conservar la amistad de ellas y junto también la de sus esposos, es agradable ver pasar el tiempo los hijos crecer y sentarse a remembrar en nombre de la amistad cultivada, de tantos años de conocernos y me decía mi amiga, ustedes los hombres deben de cuidar su esfuerzo y su trabajo, pues por una cogida y una firma, una mujer se apodera de la mitad de tus bienes materiales.

Esto viene a colación, pues en una nota periodística de la inmensa web, Fernández de Cevallos comentó que él era tan creyente de la Iglesia Católica y de Dios, que no estaba casado por el civil, y que él y su esposa Claudia Gutiérrez Navarrete estaban muy felices unidos desde 1977 sólo por la ley de Dios... no la ley del hombre.

La contradicción, siendo Senador el Diego, alguna ocasión le recriminaron su influencia ejercida como Senador de la República, para destrabar y salir adelante en asuntos que como litigante hizo, termino diciendo el político de derecha, que si él tuviera que escoger entre ser senador y ser abogado precursor de leyes, se la ponían fácil, el escogía ser litigante.

Años después, el Jefe se separó de la mamá de sus tres hijos, y se enamoró de una muchachita. Ya más enfundado en juventud’ el político salía fotogénico, montando a caballo al lado de una chamaca jalisciense muy guapa, para poder visitarla, mandó construir una carretera.

La obra de 32 kilómetros se conoció como la carretera del amor, el entonces Senador de la República dicen que contribuyo en hacer el camino, que le permitía visitar a su novia y ahora esposa, Liliana León Maldonado.

Siempre lo acusaron de tráfico de influencias, pues él y su compañerito Lozano Gracia, ganó litigios multimillonarios de particulares en contra del mismísimo estado mexicano, las cosas que habría que ver en los asuntos de las leyes de los hombres, en aquel que solo cree en las leyes de Dios.

Ahora que el Diego está viviendo como él dice un infierno en su secuestro, me pregunto a quien se encomendará, a las leyes de Dios o a las leyes del Hombre, es compleja la circunstancia humana, por un lado te invocas en lo espiritual y por otro lado el súper ego te gana de calle, como se puede de día comer ángeles y de noche evacuar diablos.

Pero de todos modos los que se quieren casar, dice mi amiga, que la tengo aquí a un lado de la computadora en este instante en que escribo esto, me dice, tú ponle que se pongan abusados, que ya les dije. que en un descuido se quedan con la mitad de todos tus esfuerzos materiales de la vida, simplemente con una firmita y una enmieladita.

Así es que, para evitar estos descalabros, basta con declararse como el Diego, ferviente respetuoso y proclive a las leyes de Dios y a las leyes de la tierra Fuchi, pero no hay que perder piso, que las leyes del hombre, son para el hombre en la tierra, aquí y ahora, por los siglos de los siglos, así sea, así se haga y así se harán, amen, pos ya que pues.