Por: Olegario Zamudio Quezada
En la inmensa WEB me encontré un comentario que me deslumbró por su tesitura, por la magnificencia del sentido medular de esa información, resulta que en la sencillez que da la vida, un sujeto se encontraba en su casa, celebrando así de simple su cumpleaños, en una fiesta con pastel y abrazos, mientras que en el planeta tierra, en todos los países del mundo también celebraban el cumpleaños noventa y dos, de Nelson Mandela.
Pero quien es este hombrecito negro, de frágil estado de salud, a sus casi cien años, él es quien dedicó su vida a la causa de la liberación del apartheid, el ex presidente de Sudáfrica, el es Nelson mándela, Madiba, como le llaman de cariño sus coterráneos.
Entre quienes celebraron este acontecimiento del cumpleañero, narran en la WEB, estuvo el Presidente de los Estados Unidos Barak Obama, y fue la ONU quien instituyó el 18 de julio como Día Internacional de Nelson Mandela y lanzó una campaña para que durante esta jornada se dediquen 67 minutos, uno por cada año que Mandela dedicó a la causa de la liberación del apartheid, al trabajo para la comunidad.
Pero cuál es la trascendencia humana de esta nota, que llama a reproducirla y recapitularla, es, en sí pues, el hablar de cómo el ser humano trasciende su yo, y hace de ese yo propio, un yo de los demás, de todos los demás, de todo el planeta.
Imagínese usted querido lector, en la tranquilidad de su hogar, reunido con los suyos, en medio de luces de velas de pastel y olor a chocolate, imagínese también, que el mundo entero están celebrando jubilosos su cumpleaños también.
Creo que para digerir esta idea, de celebración planetaria, se requiere tener una mentalidad simple, un espíritu grande, un alma completa y estar más allá del bien y del mal, haber nacido con estrella y con el estigma de ser hombre bueno, para sí mismo, para con los demás y para lo demás.
Grato es, que en nuestra patria grande y nuestra patria chica, florezcan hombres y mujeres que puedan hacer posible este sentimiento festivo, creo que no son los países los que hacen a los grandes hombres, son los grandes hombres quienes hacen grandes a sus países.
Grato es la evocación festiva de las buenas obras y aun después de la vida, su ejemplo y tarea de Mandela, será recordada por las futuras generaciones muy a pesar de las adversidades de los nuevos tiempos y de la vida con sus tribulaciones sociales.
Los grandes hombres como Mándela, opacaran en bastedad, los obscuros augurios que en estos tiempos contribuyen y se suman a la denigración y denostación de la sociedad de forma alguna, siempre habrá Mandela en este mundo, siempre habrá una luz de esperanza, para quienes necesitan la mano amiga de la solidaridad, de la esperanza, y sobre todo del amor, que es la llave de un cambio.
Un cambio de armonía, paz, hermandad, entrega y solidaridad, cuando dejemos de maldecir, odiar, cuando dejemos el resentimiento, hasta la vibración de la tierra cambiara, así lo creo fielmente y no nada más lo creo, porque ese asunto de creer es solamente de la mente y de la inteligencia, de ello, tengo esperanza y tengo fe, porque estas dos últimas inscripciones, son inscripciones del alma.