POR: MIGUEL ANtGEL CASILLAS BARAJAS
Aquella mañana, las cosas estaban muy difíciles para mí, habría llegado al centro médico de occidente por un problema en una de mis suprarrenales y las cosas se habían complicado después de una operación, a tal grado, que después de otras varias operaciones y siete meses de hospitalización, las cosas no cambiaban sino al contrario, estaban peor que nunca y yo me debatía prácticamente entre la vida y la muerte.
Mi masa corporal, se había casi consumido como en un resumidero, y casi se había perdido por completo. Vaya pues, de aquel muchacho robusto de 79 kilos y con 45 años de edad, deportista de toda la vida y muy entusiasta, ya poco quedaba, si acaso un puñado de huesos flacuchos que apenas si alcanzaban a pesar los 51 kilos, contando con toda mi humanidad y con su masa corporal de pilón.
Mary, mi fiel esposa, estaba al punto del colapso, los doctores le habían anunciado que yo tenía muy pocas esperanzas de vida, y era verdad, todos los doctores que me habían visto anteriormente habían luchado a brazo partido con la infección estomacal que padecía, y esta, no cedía, sino al contrario se había fortalecido y pertrechado en mi organismo como inquilino en casa ajena sin pagar renta, haciéndose cada día mas resistente a los antibióticos.
El doctor Balderas, medico cirujano que tenía pocos días que había tomado mi caso, designó a un novel medico internista para que sirviera de enlace entre él y este servidor y me llevara a realizar todos los estudios médicos necesarios para determinar con exactitud el lugar en donde estaba la infección, para que mediante una operación quirúrgica la desterrarla definitivamente de mi organismo, sacando toda la podredumbre que estaba provocándome mis males.
Al poco rato, se presentó ante mí, un joven doctor Soy el doctor Saulo Lora y de inmediato se puso a estudiar mi expediente paso a paso, después de un largo rato, preguntó: ¿ Son de Nayarit? –Si doctor, de Tepic-Contestó mi esposa-luego afirmó- entonces con mayor razón, voy a echarle todas las ganas de mi parte para ayudarlos, voy a hacer hasta lo imposible para que salgan de aquí pronto, y Usted Don Miguel, totalmente recuperado
Al escuchar esas palabras de aliento me conmoví, hasta los cimientos, aunque sabía que las cosas no eran fáciles, nunca perdí la fe en él y menos al ver el entusiasmo contagiante de ese joven galeno que denotaba pureza y sinceridad en sus expresiones. En ese instante recordé que esa mañana al despertarme, Mary mi esposa, había despertado casi conmocionada por la noticia de saber que este, sería el último intento que la ciencia médica haría por devolverme la salud, poniendo el IMSS al mejor médico cirujano del occidente a mi servicio, no había mas de donde agarrar, era la última carta sacada por debajo de la manga, si él no resolvía mi caso, todo estaba perdido.
Bueno pues, el doctor Saulo, ese gran hombre, que está ahora al frente de la presidencia municipal de Acaponeta, que se, que no llegó con la idea del político que aspira a cumplir cargos públicos para coleccionar medallas, eso se los puedo asegurar. Se que lo hizo poniendo el corazón en la mano, solo para ayudar a más gente que necesitaba de su apoyo. bueno si, de ese Dr. Saulo es de quien les hablo, él se entregó en la búsqueda de mi padecimiento y encontró que la infección estaba detrás de un pulmón escondida y luego trajo al Dr. Balderas y le indicó el lugar preciso en donde el como experto cirujano había de entrar quirúrgicamente para aliviar mis males. Al siguiente día, se hizo la operación y efectivamente poco después estaba yo totalmente recuperado después de pasar toda una odisea en ese hospital de especialidades y de estar casi siete meses debatiéndome entre la vida y la muerte.
Así es como conocí al doctor Saulo Lora, ese luchador incansable que apoya a la gente más necesitada, un ser humano fuera de serie, que no es político, sino un ser humano admirable y noble que ama su profesión de doctor y que seguramente seguirá teniendo mucho éxito en la vida, porque su amor al prójimo lo llevará hasta los propios confines del mundo, que el mismo se proponga a escalar para servir a un pueblo, que clama justicia social a gritos, de manera incansable y desesperada.