Por: Olegario Zamudio Quezada

En realidad, nuestros encuentros, son algo así, como un encuentro con el pasado, también un encuentro con el futuro, nuestras reuniones, tienen ese matiz mágico que se desprende de nuestra presencia, presencia que lleva consigo, el recuerdo vivo de nuestro pasado genealógico.

La perspectiva también, junto a la prospectiva de nuestras nuevas generaciones, que habrán de llevar por la sociedad, nuestro mensaje, de orden, sensatez, armonía, calidez y fortaleza humana.

En este nuestro encuentro octavo, quienes conformamos la Familia Zamudio Guzmán, nos es animosa, la presencia de quienes conformamos las seis generaciones de nuestro árbol genealógico, de nuestros Abuelos Cruz y Luisa, también de nuestros tíos, Pantaleón, Santos, Félix, Benito, Matías, Josefina y Máximo.

La lluvia matizó la alegría de los presentes y después de escuchar a nuestros artistas preferidos, Elisa, el Yoyis que por cierto llevaba porra, Cachita y el Negro hijo de mi prima Crucita, inmediato nos tomamos la fotografía donde quedó enmarcado nuestro propósito de mantenernos unidos en el recuerdo grato de nuestra entusiasta perseverancia.

Compartimos las mejores comidas de cada rama familiar, debo aclarar que llevé dos cazuelas, una de tinga y una de chicharrones, en salsa, en otro orden de cosas, las palabras de aliento de los disertos fueron oportunas, el disfrute de los niños en los juegos interminables hasta el final, la rockola de nuestra querida prima Cristina y la grata presencia de nuestros primos mayores, Luisa, Nevus, Catalina, Félix Cruz, Blas y Sergio.

Alguna ocasión escribí, no sé que habré hecho en la vida que Dios, me ha premiado con esta familia de la que soy parte y aún sigo pensando lo mismo, recapacito que siempre estaremos presentes el uno con el otro, hoy solo puedo decir, cuan orgulloso me siento desde que encontré la amistad de cada uno de ellos, me agrada escuchar sus palabras, pienso en esto siempre.

Nos volveremos a ver en esta fraternidad año tras año, con ello junto, tendremos siempre la calidez de una sonrisa, la mano solidaria y el corazón palpitando, por que en cada uno de nosotros, esta nuestra identidad familiar, con los valores y principios de quienes fueron nuestros progenitores y la identidad propia de lo que somos y podemos ser en la presencia de cada familiar.