Por Antonio de J. Muñoz Ramírez


El fin de semana pasado fui a dejar unos papeles personales a una institución educativa en la Ciudad de México. Después de concluir la entrega de la documentación, nada apremiante y obligado tenía que hacer, sin embargo, como siempre, es imposible dejar de agendar algunas actividades por allá. El sábado a las 12 del mediodía me quedé de ver en la glorieta de los Insurgentes con Sonia, columnista, poeta y editora independiente, de ahí la acompañé a ver a su editor, ella escribe reseñas para una revista afiliada al grupo editorial CNN Expansión, así lo entendí. Hugo, su editor, el editor de una editora, trabaja para una revista especializada en construcción y arquitectura, me comentó que es la más antigua de Latinoamérica, eso le entendí: http://www.cnnexpansion.com/obras, aún no consulto la página.    

De ahí nos fuimos al Centro de la Imagen en Balderas, a la presentación de un libro sobre fotomontaje de Jacob Bañuelos, al menos eso se me quedó, porque casualmente me fui encontrando excompañeros de la escuela, que cómo estaban, que qué haciendo, sí sí sí, hasta pronto (en verdad me dio gusto de verlos): Marco Polo, Eugenia, Cinthya alias la “Betsa”, y Julio Sir Wallas; Sonia se retiró antes porque está realizando un libro sobre gastronomía para el estado de Veracruz. Al finalizar, con unas chelas de brindis, se nos calentó el paladar, o más bien el cogote, y nos fuimos a una cantina en Cuahutemoc a comer chilaquiles cargados de grasa. De ahí, Sir Wallas y yo fuimos a ver unos aparadores de boinas, no había de mi medida, 60 centímetros de circunferencia, y pues ni pedro. Para no hacerla larga, porque de ahí le seguimos caminando a varios lugares, fuimos a dar a los caldos de gallina de un asiático cerca de la Latino, en esquina con Madero, en una calle cerrada con mesas en el corredor adoquinado, en las tardes la gente va más por las caguamas que por el caldo, y es de los pocos lugares donde aún se puede fumar en un establecimiento público, acompañando la levadura.

Llegamos como a eso de las 16 horas, no había mesas desocupadas. Sobre la calle, a unos metros, estaba tocando un grupo de cumbia. En un primer acto, le preguntamos a un señor de barba larga larga si podíamos sentarnos en su mesa, posteriormente nos enteramos de su nombre, Rigoberto. A los minutos, Rigoberto barba larga operador de cabina de un noticiero de cierta televisora nacional que no es azteca, nos invitó a sentarnos, dedujo que sus amistades ya no llegarían. Al principio pues cada quién en su onda, Wallas y yo, como siempre, en la pendeja, disfrutando de un mundo posible y soso, alterno al presente donde nos encontramos, Rigoberto, escuchaba música con sus audífonos. Cuando menos nos dimos cuenta, los tres estábamos conversando de todo, los viajes a Europa de Rigo y Wallas, las derivaciones y similitudes entre lenguas madre y madres, las culturas extranjeras, nuestros oficios y quehaceres, algunas incomodidades de la vida, y cerramos como ha eso de las nueve de la noche con literatura, me recomendaron algunos escritores y textos.     

Entre todo eso, como a las 20 horas, a dos mesas, en un santiamén, se armó la trifulca. Santa madrina que le propino un chavo, el más fuerte a un playera pegada pelos parados, o tal vez el mejor acomodado, porque agarró a su contrario playera pegada sentado y por la espalda, le estaba recetando unos puñetazos y patadas, al principio de pie, segundos después, en el suelo, esquinado en una jardinera, de a golpe por segundo, unos 20 sí fueron efectivos.

Se imaginan el motivo de la furia? Sencillo, porque pelos parados playera pegada no tuvo la amabilidad de atender la solicitud del más fuerte cuando se dirigía al desagüe de cerveza, los rumores dicen que le pidió permiso para que lo dejara pasar entre el reducido espacio de las sillas. Así de fácil se debatieron dos desconocidos por el orgullo de ser hombres o por la falta de amabilidad de dos caballeros, no nos enteramos de la discusión, pero sí nos rifamos la acción de los ganchos. Perplejos nos quedamos, el resto de las mesas junto con nosotros nos levantamos, surgió una tención, una impotencia, un morbo. El más fuerte se hacia acompañar por una mesa como de 10 chav@s, y el caído por una dama, media cabrona. Wallas gritó “ya cabrón, sepárenlos, yo me acerqué unos pasos, pero el más fuerte era un pitbull desatado, no se veía por donde, la adrenalina me impidió acercarme lo suficiente. Hasta la música paró, un trovador calló, todos callamos. Pelos parados se retiró, no estaba alebrestado, en realidad no supo ni lo que pasó, de tantos golpes no sabía dónde se encontraba. Lo demás se lo podrán imaginar, el inesperado altercado físico fue la conversación en las mesas minutos posteriores, a las quinientas llegaron unos policías dirigiéndose con el más fuerte, pero a fin de cuentas regresó a su mesa. En ese momento, se vienen pensamientos, lejanos y cercanos, compasivos, encabronados, todo por un “hay te voy, dame chance”, “ni madres, bríncale”, así se desenvuelve la convivencia entre extraños, buscamos cualquier pretexto para marcar nuestras diferencias y liberar nuestros demonios, por donde se pueda, con quien se deje. ¿Así tiene que ser? ¿En realidad esas actitudes satisfacen y llenan nuestro interior, lo regodea, lo purifica?

Veinte minutos después me llegó un mensaje por el celuloide: “mataron a 13 federales, elementos de la Cosa Nostra”, no decía más. Del centro histórico de la Ciudad de México me viajé al lugar de los hechos, sabía dónde se ubicaba quien escribió el mensaje, ahí estuve por unos instantes: Tepic, en el centro, el caos. Pero ni sucedió donde me lo imaginé, ni fue a esa misma hora, ni salieron bien las cuentas y ni bromear, no fue la Cosa Nostra, lamentablemente sí, humanos muertos a balazos.

Ahora mismo, después de los acontecimientos que se suscitaron el fin de semana pasado, los de allá, y ahora los de aquí, sí, ya me encuentro aquí; aquí, aquí me vuelco en las sensaciones de adolescente, cuando sabía que no podía saber lo que era sentir y vivir en carne propia lo que se presentaba en Beirut, cuando veía por el sistema informativo ECO, a los niños (¿beuritianos?) escabullirse entre los escombros después de los bombardeos. En ese mismo ahora mismo a inicio de párrafo, está pasando un helicóptero por arriba de la colonia, y hace rato me topé con un hospital resguardado por azules y verdes armados en la azotea de la clínica, la calle cerrada por patrullas y vehículos militares, y yo dándole vuelta a la cuadra para dirigirme a mi casa donde ahora mismo está pasando el helicóptero, y de hecho, en esta precisa línea del párrafo vuelve a pasar. ¿Qué está pasando? Un helicóptero. No, me refiero a qué está pasando más allá de la colonia, en la ciudad, en la entidad, en la república, en el mundo. Lo mismo que pasaba en 1200 d.c. en la Edad Media con palos, garrotes y filos de acero y minerales: ¿el instinto animal? No seas pendejo Antonio, ese instinto a que te refieres es sinónimo de violencia en las películas, pero también el instinto animal es amor maternal, supervivencia, comunión con la alegría de vivir lo mejor posible entre especies, hhaaa.  

No sé si en 1200 d.c. los trovadores y juglares transmitían la corrupción del señor feudal, los asesinatos de los lacayos, robos al rey, desastres naturales, sociales y económicos, caos vial de caballos y yeguas, estadísticas de hipertensión arterial por comer alubias, el índice delictivo de la comarca, abusos de poder, etc. En las telenovelas, guiones mal logrados basados en Casos de la Vida Real, intentan incluir, forzadamente, los mismos tópicos, pero actualizados.

Beirut. No, no me encuentro en Beirut, tampoco en el reino de Sir Walter Benjamín, me ubico en Tepic, en Nayarit, en México, en Latinoamérica, en el nuevo continente, en un planeta llamado Tierra, a la espera de un enfrentamiento galáctico con un ejército de otro sistema solar, por la conquista del universo y de nuestro pedazo de tierra. Tal vez, por qué no, un día los humanos se unirán y comprenderán para enfrentar al enemigo, valorando la libertad y disfrutando la extrañeza del vecino, humano, así como el que tenemos enfrente, si es que antes no se presenta la reforma de la tenencia de un pedazo de universo o se instauran el parlamento de los partidos extraterrestres. Hoy es el futuro.


Antonio de J. Muñoz Ramírez

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