Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Como todos los sábados por la tarde, éste que acaba de pasar, doña María se preparaba junto con sus hijas, para asistir muy temprano a la cita de fin de semana a los patios de la Presidencia Municipal, para disfrutar de la hora del danzón, que bajo techo, se viene celebrando en honor, principalmente, de los betabeles a los que en son chusco se les llama jóvenes de la tercera edad, quienes de volada agarran su patín y se presentan muy orondos y lirondos, muy bañados y perfumados, a temprana hora, para danzar; por eso doña María y sus dos vástagas se presentaron muy puntuales a la cita.

Como llegaron a la pura hora, a falta de hombres-valientes, abrieron el baile mujer con mujer, que al fin y al cabo está de moda con el permiso de los Magistrados que ya autorizaron la unión entre homosexuales y lesbianas (por separado, no crea usted que en bola) aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que aceptó avalar la junta de homosexuales con derecho de adoptar infantes, la gran mayoría se mostró en desacuerdo por considerar una aberración que se orienta directamente a dañar, profunda e irreverentemente al matrimonio constituido por varón y mujer (a la antigüita si usted cree en Dios). Pero que según el Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, este es un atentado a la religión católica

Pero estamos absolutamente seguros de que las parejas que acuden a los sábados de danzón no aceptan estas alocadas disposiciones y asisten a divertirse muy ajenas a las opiniones de los integrantes de la Suprema Corte, y decíamos que a falta de hombres valientes que se decidan a bailar sin andarse apretando o poniendo sus moños, ellas bailan en parejas de mujeres que nada tienen que ver con la mentada ley de marras, ya que el asunto de las lesbianas y los putarracos data de los tiempos de Sodoma y Gomorra y, mientras no se salían de los cartabones privados se toleraban a medias, pero ahora que se quieren aventar haciendo sus desfiguros en público, adoptando niños y pretendiendo figurar en la política destapados (que ya son muchos) pues todo iba bien, pero la razón cubrirá este reglón torcido del Ser Supremo.

Y cuando se encontraban meneando el bote al son de la orquesta en turno un canijo policuico municipal que se asustó de ver que salían de no sé donde unos sicarios disfrazados de civiles, haciendo vomitar sus metralletas por ahí por la Mariposa de la Puebla, se soltó gritando: ¡Sálvese el que pueda todos al suelo¡

Doña María, que es una de las personas que acude con su familia a echar dancing de sábado en la tarde en la Presidencia Municipal, como está lastimada de un pierna (aunque eso no obsta para que conste la bailada –a sus ochenta años-), cuando quiso agarrar su bastón para pelar gallo, no lo encontró pues la estampida provocada por el estúpido genízaro, hizo que salieran volando (que no corriendo) los viejitos, llevándose entre las patas a los minusválidos y saliendo en tropel por una de las puertas principales a todo lo que daban sus piernas, ejercitadas por los ritmos que la orquesta que don David y su combo interpreta con mucho estilo Y en esos momentos los músicos ya no estaban en el estrado porque fueron los primeros en abandonar el patio, algunos sin acordarse de sus instrumentos, especialmente el del trombón

El atentado llevaba como meta matar a un señor comerciante que atendía su negocio de celulares en el domicilio citado, donde fue cocido a metralletazos, resultando a menos de una cuadra de la Presidencia, una bola de heridos leves que abandonaron el recinto del Palacio Municipal como de rayo, dejando solas a las mamás impedidas de caminar libremente, que tuvieron que hacer el viaje de regreso a sus hogares, solas, porque sus propias hijas se olvidaron de ellas Como fue el caso de Doña María, que dijo haber visto que se encerraban en el baño de la presidencia, cuatro asustados cuicos (en el de damas porque el de caballeros estaba saturado de miércoles en sábado -como siempre-).

Control señores Control La mayoría son viudas o madres abandonadas y las poquitas casadas se vieron obligadas a cargar con los maridos porque estos se desmayaron del susto Ya que los metralletazos atolondran hasta a los más pintados. A la hora de cerrar este artículo (las doce veinte del día) empezaron nuevos ruidajos provocados por estas armas allá por el rumbo de la Morelos o por la detonación de unos cohetones; por sí o por no, nos quedamos recluidos a buen resguardo en nuestro hogar, esperando el juego de fútbol de las Chivas, en sana paz y sin pensar en asistir ni de mirones a los bailes del Sábado de Metralleta que el sá-sá, viene ofreciendo