José María Castañeda .-

Se recrudecen las críticas contra las organizaciones encargadas de acaparar las cosechas del campo, al no pagar —como ya se ha vuelto costumbre— precios justos que permitan, al menos, mitigar la deteriorada economía de los productores.
Este señalamiento fue expresado recientemente por productores de tabaco, quienes aseguran que las empresas, a través de sus inspectores de campo, han endurecido aún más las condiciones para la recepción del producto en los almacenes ubicados en la capital del estado.

De acuerdo con los inconformes, las compañías no solo mantienen estrictas clasificaciones para recibir los fardos, sino que además argumentan supuestos excesos de humedad, lo que deriva en el rechazo del producto. Así como entregamos los fardos, así nos los regresan, bajo el argumento de que contienen demasiada humedad, señalaron.

A esta problemática se suma la falta de una representación efectiva del sector, ya que —afirman— desde la destitución del dirigente Rodolfo Coronado, no ha surgido una figura que defienda con firmeza los intereses de los productores.
En ese sentido, Federico Langarica comentó recientemente que buscaría dialogar con el nuevo líder de la ARIC, con el objetivo de exponer la inconformidad del gremio; sin embargo, esto no se concretó. Los propios productores lamentan que algunos líderes campesinos eviten abordar los temas que verdaderamente afectan al sector.
Mientras tanto, el descontento crece y la incertidumbre se mantiene entre los trabajadores del campo, quienes advierten que, de no haber soluciones, la actividad productiva podría continuar en declive.