José María Castañeda .-
Ayer jueves 23 de abril se cumplieron 27 años de la visita del entonces presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, a Santiago Ixcuintla, donde inauguró de manera formal el anhelado puente estructural Santiago–La Presa, una obra largamente esperada por las y los santiaguenses.
En aquel momento, fungía como gobernador de Nayarit Rigoberto Ochoa Zaragoza, mientras que la presidencia municipal estaba a cargo del desaparecido profesor Casimiro Delgado Brizuela, ampliamente conocido como Profe Cacho.
La llegada del mandatario federal se realizó en helicóptero, el cual aterrizó en el campo deportivo de los Corsarios de La Presa. El arribo estuvo marcado por un singular recibimiento de estudiantes de educación primaria, quienes formaron parte de la bienvenida. Durante ese momento, se generó una anécdota que con el paso del tiempo dio origen a la popular frase atribuida a Rigo Lépero, misma que quedó en la memoria colectiva de la región.
El evento reunió a personas de todos los sectores sociales y representó un impulso importante para la economía local. Hasta antes de esta obra, la población dependía de un rústico puente de vigas y tablones, y en temporada de lluvias, de una canoa que transportaba a las personas de un lado a otro del río.
La construcción del puente significó el cumplimiento de una lucha impulsada por diversos actores sociales, entre ellos el desaparecido Julio Mondragón y el comunicador Manuel Narváez Ávalos, quienes desde sus respectivas trincheras promovieron la realización de esta infraestructura.
A 27 años de su inauguración, el puente Santiago–La Presa se mantiene como una obra emblemática que marcó un antes y un después en la conectividad y el desarrollo de la región, aunque aún hoy su autoría continúe siendo motivo de debate entre distintos actores.