Por Sergio Mejía Cano

En una entrega anterior, en donde se hablaba de que algunos profesionistas estudian lo que pueden y no lo que quieren, hizo recordar a varias personas algunas anécdotas de personas conocidas que toda su vida activa se ostentaron como ser profesionistas de algo sin tener título alguno como en leyes, contaduría e ingeniería.

Un familiar recordó a un amigo de mi papá que siempre se dijo ser licenciado e incluso, ayudó a mi progenitor a realizar varios trámites legales e incluso un testamento público abierto. Recuerdo muy bien a este amigo de mi papá que también es hijo de ferrocarrilero, porque cuando le dije si sabía la definición de, Derecho, respondió que para qué quería que me la dijera si no lo iba yo a entender, pues como nada más había estudiado hasta la secundaria yo no entendería dicha definición.

De todos modos, le insistí que me dijera la definición, precisamente para saberla. Confieso que alguien más ya me la había dicho con anterioridad diciéndome que, a quien dijera ser licenciado, le preguntara precisamente si sabía la definición de Derecho que es: Un conjunto de normas jurídicas que rigen el comportamiento humano. Sin embargo, por más que le insistí al licenciado amigo de mi papá, jamás respondió respondiendo que para qué, si no lo iba a entender y, para rematar, recuerdo que me preguntó que si yo sabía lo que era un protocolo; le respondí que no, por lo que me dijo: ya ves, para que gasto saliva contigo.

Cuando entró en vigor el Sistema Penal Acusatorio, uno de mis hermanos me comentó que este licenciado, amigo de mi papá, ya no trabajaba en cuestiones jurídicas, no nada más por la edad, pues ya andaba en las siete décadas de edad, sino porque no tenía cédula de licenciado, algo que era ya ineludible ahora con el nuevo sistema penal acusatorio, pues antes de realizar cualquier trámite jurídico es necesario comprobar mediante dicha cédula profesional que todo está en regla y que puede proceder en los trámites legales a realizar.

Ya con el tiempo, entre otros amigos y conocidos mutuos de este licenciado amigo de mi papá, alguien dijo que nunca llegó a graduarse, que sí había estudiado leyes, pero que no terminó sus estudios, porque ya casi al último entró a trabajar a un despacho de abogados y, como le empezaron a llegar trabajos que tomaba individualmente y que le dejaban determinada remuneración económica, pues se olvidó de terminar la carrera; alguien más afirmó que sí se había graduado, pero que jamás presentó una tesis ni tramitó su cédula. Sin embargo, desde que terminó o no culminó sus estudios de leyes, hasta la entrada en vigor del nuevo sistema penal acusatorio, toda su vida activa trabajó como licenciado y sin sufrir económicamente, pues tenía, tiene un nivel de vida cómodo y sin contratiempos.

Un familiar de este licenciado amigo de mi papá y, perteneciente también a la gran familia ferrocarrilera, dijo que su pariente nunca tuvo problemas para realizar trámites legales e incluso hasta a veces litigar debido a una gran cantidad de amigos contemporáneos que, sí tenían su cédula profesional y, no nada más estatal, sino hasta federal, que lo ayudaban a realizar los trámites en donde era necesarios legalizarlos a fondo y hasta firmando los documentos que lo requerían.

Pero esto desde luego que no es un caso aislado, pues a lo largo de la vida se han conocido casos en que infinidad de personas que se ostentaban como licenciados en leyes o abogados, llegaron a trabajar sin estar titulados y menos con su cédula profesional en el entendido quizás de que ya una vez encarrerados en trabajos jurídicos, por lo que, en caso de que hubiesen dejado truncos sus estudios, el tiempo ya no les alcanzó y, además, si ya estaban bien relacionados, pues para qué volver a la facultad si ya trabajaban bien, sobre todo, con buenas ganancias económicas y de relaciones personales con personajes tanto políticos como empresariales; pero más, judiciales.

Y, a propósito del nuevo Sistema Penal Acusatorio, este sistema ya no permitió trabajar no nada más a licenciados sin título, sino también a varios que, aun teniendo su título, su tesis y su cédula profesional, al no estar bien versados en este neo sistema, han perdido la oportunidad de trabajar en este sistema en vigor y, según se dice, ya ni para llevar asuntos del anterior sistema penal, de los que han quedado muchos casos, pues hoy en día ya no nada más cuenta la cédula profesional, sino un conocimiento adecuado al nuevo sistema penal acusatorio.

Sea pues. Vale.