Si mi mente pudiera mostrar, como un proyector, las cosas que he visto, sería fabuloso. ¡No te imaginas cuantas maravillas!.

El que habla es Mario Ávila Hernández, el inquieto maestro jubilado que iniciará, la próxima semana, una caminata por distintos estados del país, siguiendo una ruta de don Miguel Hidalgo y Costilla con motivo de la Independencia.

Precisamente en Dolores Hidalgo, Guanajuato, donde fue el grito de Independencia, iniciará la caminata que alcanzará a Michoacán, Estado de México y Jalisco.

Ávila Hernández explica que la ruta fue trazada con la ayuda especial del historiador Gregorio Miranda, y con otras consultas con Pedro Luna y la obra del historiador Luis Castillo Ledón.

Con caminatas diarias de entre 40 y 45 kilómetros, calcula que culminará el recorrido en poco más de un mes.

De 70 años de edad, se describe como un hombre disciplinado, perseverante, que se mentaliza sobre los proyectos que hace.

En 1982, con su esposa y sus tres hijos viajó a Tijuana y de ahí a Los Cabos y La Paz. Entonces se hizo una promesa: algún día caminaría de Tijuana a La Paz. El sueño lo cumplió en 1998, ya jubilado.

Mi tío Pedro Hernández García se murió y todavía no se bajaba de ese viaje maravilloso.

Pedro Hernández había sido su compañero, el que maneja un carro donde llevan la casa de campaña, los trastes, la pequeña estufa, el que sabía cuánto tiempo avanzar para esperar al caminante, dejarlo pasar, y cuándo arrancar para alcanzarlo nuevamente.

Una vez hasta nos mentamos la madre; él a mí y yo a él. Imagínate, su mamá era mi abuelita.

Por un error, en uno de los recorridos don Pedro avanzó más de la cuenta y se instaló en un pueblo, en tanto que su sobrino caminó solo como 12 kilómetros por una zona desértica en Baja California. Se encontraron horas después. Él ya estaba cenando muy a gusto y yo llegué apenas. En los recorridos se necesita mucho orden, soy exigente.

LA CRUZ DEL SUR

Mario Ávila platica con especial entusiasmo las experiencias que ha vivido en esas andanzas. Ha recorrido a pie los 20 municipios del estado. De Rosamorada a Ruiz me fui por la vía del tren y de Ruiz subí a Del Nayar. Ahí cometí un error porque quise cortar camino y después tuve que retroceder; llegué muy noche al poblado La Cumbre y pedí que me dejaran dormir por ahí. Platiqué con un huichol y te juro que no le pude ver la cara de lo oscuro que estaba. En la madrugada me fui porque quería llegar a Jesús María.

Tiempo después, dice, regresó a La Cumbre a regalar ropa y otros artículos a quien le dio alojamiento.

Todos los días, en Tepic, camina al menos 10 kilómetros, a veces de madrugada, como preparación. Cuando por alguna razón no sale a caminar, su cuerpo le exige, le pica como si le reclamara la falta del ejercicio.

A la muerte de su tío Pedro Hernández, Baltazar Guzmán Castañeda se convirtió en el compañero de Mario Ávila en esas andanzas. Yo le decía ‘Mi Pequeño Gigante’, medía como un metro con 50 centímetros, era un hombre culto, hicimos una pareja sensacional. También ya murió.

Precisamente Baltazar Guzmán lo acompañó en un recorrido de más de dos mil kilómetros de Tapachula, Chiapas, a la ciudad de Panamá, entre el 25 de noviembre del 2000 y el 19 de enero del 2001.

Pasamos partes de El Salvador, Honduras, Nicaragua, Colombia.

Describe momentos mágicos: en la noche, al avanzar por Colombia, parece que alcanzas con las manos La Cruz del Sur, es impresionante, una cosa maravillosa. Se refiere la semejanza de una cruz formada por estrellas.

Pero quienes piensan que esos largos recorridos son puro color de rosa se equivocan. Hay un desgaste no sólo físico, sino emocional de él y su acompañante.

Una vez, en ese viaje que hicimos a Panamá, Baltazar me dijo que se sentía mal, con nostalgia por su familia. Me molesté y le dije que si quería llorar lo hiciera pero no junto a mí, porque me podía hacer fracasar. Y sabes qué: unos días después le jugué una broma. Habíamos rentado un cuarto para darnos un buen baño y cuando él salió le dije que ya no podía más, que nos regresábamos a Tepic porque mi cuerpo estaba tronado. ‘¡Pero cómo, Mario, si ya estamos cerquita de Panamá!’, me reclamó. Fue una respuesta maravillosa, significaba que estaba en la misma sintonía que yo.

En ese viaje por distintos países de Centroamérica, Mario Ávila y Baltazar Guzmán visitaron embajadas, consulados y otros sitios en los que dejaron libros de la colección Ya Leissste, editados por el ISSSTE.

MENTIR, JAMÁS

A pesar de sus largas caminatas, que ha incluido las costas de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco, por fortuna nunca he tenido un problema serio, donde haya estado en peligro mi vida, ni en Centroamérica.

Pero recomendaciones sobre seguridad, sí las ha recibido. Una vez un policía me dijo: ‘usted hágase el loco que nomás anda en la carretera’, pero la verdad no puedo porque llevo tenis, pans, gorra, mi radio, que los vagabundos no traen. O cámara de video y fotográfica.

El maestro jubilado aclara que sus recorridos se sujetan a una situación básica: no mentirse a sí mismo. Puntualiza que jamás dirá que avanzó un metro más de la realidad. Nunca.

Todo esto lo hago porque me gusta, para enriquecer mi vida, para conocer otros lugares, para platicar con miles de gentes que conozco en los caminos, no para recibir algo a cambio, no pienso en eso, pero si hay alguien que me quiera apoyar, bienvenido.

Ávila Hernández menciona el respaldo que siempre le brindan su esposa y sus tres hijos.

Señala que en una ocasión, junto al entrenador cubano Julio Hidalgo intentaron hacer un reglamento para el caminante de largos recorridos, pero la idea la dejaron de lado cuando se dieron cuenta que en Nayarit se cuentan con menos de los dedos de una mano quienes se fijan metas de caminar cientos o miles de kilómetros.

Apunta que de acuerdo con el entrenador cubano, quien camina más de 500 kilómetros tiene derecho a un día descanso, si así lo desea.

En el recorrido sobre una de las rutas del cura Hidalgo, que iniciará la próxima semana, Mario Ávila será acompañado por su hermano Francisco Javier Alvarado Hernández, que debutará en su primer viaje.

Ya le anda al maestro Mario porque llegue el ocho de septiembre, día de inicio del recorrido en Dolores Hidalgo, Guanajuato.

Su rostro se transforma, ríe, mueve las manos cuando señala que normalmente empieza a caminar a las cuatro de la mañana y le dice a su compañero la hora en que debe ir tras él, en el carro.

Cuando me alcanza, desayunamos, pero para entonces yo ya llevo unos 20 kilómetros caminados; en el día siempre trato de caminar cuando menos un maratón. Soy bueno para dormir y más si estoy cansado. Donde llegamos a descansar nomás pedimos un lugar para instalar la casa de campaña, a veces a las ocho de la noche yo ya estoy dormido.

Ya regresará el maestro para contar sus anécdotas y mostrar las fotos tomadas.

Con 70 años y 71 kilos de peso, deja una recomendación a los lectores de este espacio: la importancia de caminar, de hacer ejercicio, en bien del cuerpo.