Por: Miguel Ángel Casillas Barajas

En mi carrera como técnico en electrónica una vez tuve la oportunidad de trabajar para un hotel que se encuentra en el mero centro de la ciudad; habían solicitado de mis servicios debido a que la mayoría de los televisores que tenían en sus habitaciones eran de la marca PHILCO y presentaban algunas fallas muy recurrentes, y los huéspedes lógicamente que estaban muy molestos.

Al llegar al hotel, hable con el gerente y acordamos ambos que con dedicarle dos horas al día a realizar visitas a los aparatos, se podrían resolver en un corto tiempo los problemas técnicos que se presentaran. Pasaron quince días y desafortunadamente la situación no mejoraba, sino al contrario iba de mal en peor así que ya era generalizado el problema, y es que el chasis híbrido que contenían estos equipos (bulbos con transistores) no había dado el resultado esperado, carecía de muchas anomalías y sobretodo fallaba concretamente en el enlace de la sincronía horizontal y el sonido y en ocasiones también en la recepción de los canales.

El hotel ya era un verdadero caos, los huéspedes estaban furibundos e incluso algunos habían amenazado con abandonar la habitación y no regresar jamás, si no había una solución inmediata. La situación era desesperante así que fuimos convocados urgentemente por la gerencia del hotel a una reunión de emergencia, este servidor como técnico y al proveedor de los aparatos que venía de la ciudad de México, para exponer nuestros puntos de vista y razonamientos y así entre todos, buscar una solución al problema. Yo por mi parte iba preparado para rendir un informe detallado sobre el diagnostico de las fallas. Después de analizar mi reporte llegamos a la conclusión de que no eran problemas de instalación, ni de antena sino debido a fallas propias de fabricación del aparato, que nunca se pudo acoplar a la señal emitida por el canal 2 de Tepic que provenía de una repetidora de señal de la marca Thompson y casi, casi fabricado después de la segunda guerra mundial. Así que habíamos descubierto el hilo negro en que los aparatos PHILCO no eran compatibles con la señal que emitía la repetidora, provocando con esto un serio conflicto y por ende, el desfasamiento de la sincronía.

Total que al final de la reunión se acordó enviarme a la misma fábrica PHILCO ubicada en la zona industrial de la ciudad de México para recibir una capacitación sobre este chasis que estaba dando problemas muy serios. Al llegar a la fabrica, fui recibido casi con honores como si se tratara de un jefe de estado por un japonés chaparrón, inexpresivo y tozudo en su manera de hablar llamado Atzuro Taboada que era el director de la compañía.

Acto seguido me invitó de manera cortés a dar un recorrido por la fábrica franqueado al lado derecho por el mismo japonés y al lado izquierdo por el encargado del área de ensamblaje, un mexicano medio tartamudo. En esos momentos, yo me sentía grande e importante como si fuera Winston Churchill pasando revista a las tropas japonesas después de haber sido derrotadas por los aliados. Al caminar por el pasillo, la cadena de empleados que estaban ensamblando televisores nos saludaban inclinando su cabeza a nuestro paso respetuosamente y en silencio absoluto, que si en ese momento hubiera pasado por ahí un zancudo, nos hubiera aturdido a todos los presentes. Después de recorrer el largo pasillo de ensamblaje , terminamos en el cuarto de quemado de la fábrica en donde se ponen a prueba a contrafuego todos los aparatos que van saliendo ensamblados, primero se someten en un lapso de 48 horas a un calor sofocante de más de 60° C. Y luego son sacados de ahí casi humeantes para introducirlos en una cámara refrigerante de baja temperatura a menos de -20°C. Para someter al televisor a ciertas prueba extremas de acuerdo a los diversos climas de nuestro país. Después del recorrido, empecé a sudar frío y me maldecía a mi mismo en silencio mientras caminábamos ¡ y ahora? ¡tonto de mí! ¡Mil veces tonto de mí! Este Kamikaze chaparrón me va ha poner una bailada de padre y señor mío en teoría, por andar de hocicón haciendo mis reportes argumentando fallas de fabricación de los televisores como habría sido mi estúpido reporte, y ellos seguramente lo tomaron con la misma seriedad como cuando les enviaron la bomba H, pero ahora con dirección a su propio ego, en lugar de ir a Hiroshima y Nagasaki. En fin, ya no había manera de escurrirme, ya estaba en ese lugar, que mas daba enfrentarme con los dueños y señores de la tecnología mundial, de cualquier manera ya no había regreso.

Sin embargo el japonés, Atzuro Taboada me dijo de manera respetuosa: como verá usted señor, nuestros aparatos no presentan falla alguna, lo que pasa es que esta nueva tecnología de punta no es compatible con la señal que emite el aparato que está en la repetidora de Tepic, que es un aparato viejo y obsoleto de la marca Thompson, pero no hay ningún problema, le haremos unas adecuaciones al chasis de los televisores para adaptarlos a ese sistema

Así, de esa manera tan simple se soluciono el problema de raíz; me quedé asombrado de ver como los japoneses que siguen siendo los padres de la tecnología hasta hoy. Habían puesto la fábrica misma a mi disposición y de ninguna manera fue una confrontación de teoría como yo tontamente había imaginado en un principio, sino al contrario, fue un cumulo de experiencias vividas y un profundo dialogo basado en el respeto mutuo, para buscar una solución al problema de los aparatos. y todo gracias al viejo Thompson.