Por: Olegario Zamudio Quezada

Hace ya muchos años, me invitó a tomar café, el Mayor de Caballería, Juan Manuel Pérez Medina, en el ambiente silente de su casa, me comentaba de como él percibía la industria del secuestro, junto con ello me mostraba una serie de copias de fichas signaleticas donde aparecían, los más renombrados personajes dedicados al secuestro de aquellos ayeres.

Me hablaba de la viabilidad de escribir un libro, que titularía los motivos del secuestro y en ellos, se refería invariablemente, son por motivos económicos, deudas, venganzas, políticos, o por amoríos, en aquellos ayeres, el militar tenía razón, pero hoy le agregaría dos más, que serian para .- recabar información y .- para enviarle con ese hecho un mensaje a alguien.

Recuerdo, que alguna ocasión me acerqué, al ahora Diputado Roberto Lomelí Madrigal, para consultarle respecto de que hacer, porque a un miembro de mi familia, lo tenían secuestrado, me comentó que en principio, habría que confiar en los secuestradores y fuimos a consultar al entonces procurador de Nayarit, Antonio Sam López, quien nos dijo de manera espontanea lo mismo.

Nos comentaba el entonces Sam López, que lo más importante y prioritario era la preservación de la vida de la persona y su regreso al seno de la familia, que en consecuencia y posteriormente, se podrían determinar algunos pasos a seguir en reacción al delito, pero que era de mucho riesgo poner en peligro la vida de la víctima, apanicando a los plagiarios.

Así fue nuestra vivencia, fue un problema hasta para pagar el rescate, pues andar por la carretera con un costal de dinero no era cosa fácil de explicar, cuando en un reten te detenían, después narran los adolecentes, que durante el cautiverio cumplieron años y hasta un pastel les llevaron para festejar y que estaban hasta la madre de pizzas.

Creo que el entorno social de la prensa, debe de guardar el sigilo de respeto de manera estricta, dejando de lado la faceta de irresponsabilidad, hipocresía, indolencia y de ausencia de ética, cuando se presentan estos casos, que son bochornosos para cualquier sociedad.

El acontecimiento que nos ocupa hoy en día, el secuestro del marisquero de la calzada del panteón, en la WEB, la página predilecta en línea de estas familias, por un lado ha omitido hacer un comentario de este hecho, pero en el facebook este mismo sujeto, temerariamente comenta que no tocará el tema y le hacen eco y cola para una y otra opinión, más de ciento cincuenta posteos al respecto.

Pero cuál es el caso, cuando se habla de ética y de moral en el periodismo, cuando como fotógrafo, camarógrafo y dueño de una PAGINA WEB, se publican imágenes de personas masacradas, desnudas, despedazadas, sin el mayor rubor, fundamentando que ellos tienen que dar la noticia, la imagen y hasta el comentario lleno de escarnio.

¿Dónde empieza y dónde termina la ética y la moral, dentro de la comunicación?, cuando en la publicación de una fotografía, precisamente, se piensa y no, en los padres, hijos, esposas y demás familiares de la víctima, se tiene o no, recato para su difusión, no se debe ser escriba hipócrita.

Me sumo a quienes refieren, no haber tratado en la amistad al marisquero, no ser su amigo, ni su cliente asiduo, pero igual que muchos hombres de buena fe, deseo que las cosas salgan lo mejor posible y esté de regreso pronto a la calidez del seno familiar, en mis oraciones cotidianas esta mucha gente y el bienestar de el también.

Espero que esta burbuja de ética y moral en el periodismo, sirva para desintoxicar un poco el enrarecimiento del aire, que con la forma de difundir hechos en el periodismo, se ha logrado de manera sistemática, creo que debemos cuidar el aire que respiramos todos, creo que debemos de ser gentiles con nuestros semejantes y más cuando de por medio esta la moral familiar y la amistad, eso creo, pues.