Por: Olegario Zamudio Quezada

Eran como las ocho de la mañana de ese fatídico once de septiembre, de hace varios años, en el televisor, estaba el Brozo, el payaso del Prau prau quien aseguraba que a los Gringos, le habían dado en el hocico, con ese brete de los aviones en las Torres Gemelas, inmediato a ello pude ver en el televisor como un avión se estrellaba en una de las torres.

Otra cosa que me alertó y casi me tumbaba del asiento, fue la noticia, que otro de esos aviones, se habían estrellado en el pentágono, en medio de todo ese tumulto, salió a relucir la fotografía de una persona de extracción árabe, de unos cuarenta y tantos años de edad, con barba y mirada silente, al que nombraban Bin Laden, debo aclarar que ese nombrecito en mi sacrosanta vida, nunca lo había escuchado.

Los acontecimientos se desencadenaban en pocos instantes, estaban de no concebirse, pues la violencia del cine gringo, nos había traído tantas películas de terror, que lo que estaba ocurriendo fatídicamente, bien parecía una película de esas.

De cualquier manera, entre la incredulidad y no, el silencio me tenía ensimismado, seguía a cada momento los cortos que se repetían intermitentemente, hasta que la mano de Miama me regresó a la realidad, me dijo, te quedaste callado, ¿en qué piensas?, le dije estoy preocupado.

Claro está, como no me habría de preocupar, por los embates del terrorismo sobre las torres gemelas, pero sobre todo por el ataque al pentágono, lo primero que se me vino a la mente, fue, que suerte estarían pasando el Soldado Juan Harrison Oriundo De Zacazonapan y el General Agallón Mafafas, Zorro del desierto de los leones.

Aunque me tranquilizó, el saber, que del pentágono solamente reciben órdenes, estos dos militares no vivían en New York, creo que eso me calmó un poco, ya días después el Bush, placa en mano le declaraba la guerra al árabe Bin Laden, aseguró estaban metidos en las cuevas de las montañas de Afganistán.

Aunque ya más tarde le dio por culpar a los integrantes del Gobierno Iraquí y declararon iniciada la madre de todas las guerras, posteriormente ahorcaron al presidente de ese país Saddam Hussein, dejaron a esa nación, peor que como dejaron los españoles a México durante la conquista.

Años después, en la retirada del ejército estadounidense, se escuchó decir a un soldado sarcásticamente, qué; ese Saddam tenía las armas bacteriológicas de destrucción masivas muy bien escondidas y que por esa razón no las habían encontrado.

Luego ahora, un pastor simplón de esos que andan eternamente en busca de darle sentido a su ser, se le ocurrió la descabellada idea de quemar libros del Corán, brillante cabrón, mira que pretender meterle lumbre a las relaciones tirantes con el mundo árabe, creo que los Polivoces bien lo hubieran contratado como soldado del Agallón Mafafas o ya de perdida alumno del Maestro y el saltamontes. Pastor, Discolo!!