Por: Zeferino Ramos Nuño

Y LO QUE SON LOS GRITOS DE INDEPENDENCIA Con mucho boato, gritos y alborozo, esto es, campañas publicitarias, enormes gastos provenientes del erario federal, de los estatales y municipales se ha iniciado un año de celebración espectacular por la independencia de México. Pero ¿realmente el 15 de septiembre de 1810 se inició la independencia de México? Veamos:

Para iniciar, es necesario releer a los historiadores serios de nuestra patria y dejar de lado las narraciones oficialistas que nos han recetado desde el gobierno y atender lo que los verdaderos historiadores nos dicen, pues algunos, convivieron siendo muy jóvenes, con quienes participaron en algunos hechos que nos narran en sus libros los escritores de la historia.

En primer lugar el grito de independencia no fue el 15 de septiembre, sino el 16, y según Mariano Cuevas (1879-1949), autor de Historia de la Nación Mexicana, escribió respecto al grito de independencia lo siguiente: A las cinco de la mañana del mismo 16 de septiembre, el cura Hidalgo arengó a las multitudes que de Dolores y de otros muchos pueblos venían a misa. Su arenga fue en el sentido de derribar al mal gobierno, quitando del poder a aquellos españoles que querían entregarlo a los franceses. Este grito serviría y sirvió de hecho para congregar las multitudes en torno de una bandera. Esta arenga tenía el sentido de derribar al mal gobierno, quitando del poder a los españoles que querían entregarlo a los franceses. La arenga de Hidalgo no fue propiamente el Grito de la Independencia Nacional, o sea, de nuestra absoluta separación de España porque, en ese 16 de septiembre, Hidalgo no lo señaló así, sólo dejó ver que lo que no deseaba era que se entregara la Nueva España a los franceses. O sea, se iniciaba, en realidad, una guerra civil.

Don Miguel Hidalgo, a las ocho de la mañana del 16 de septiembre de 1810, nos sigue relatando el historiador, salió del pueblo de Dolores, al frente de 600 hombres armados de fusiles (los menos), lanzas, espadas, palos, etc., dirigiéndose a Atotonilco. En esta población, de la sacristía del Templo, tomó la imagen de la Virgen Santísima de Guadalupe, que desde entonces, enarboló como pendón o bandera. De ahí que los insurgentes tomaron como grito de guerra: ¡Viva la Virgen de Guadalupe, viva Fernando VII, mueran los gachupines!, luego, podemos deducir que, en estricto rigor, ese fue el grito de rebelión, no de independencia.

Once años debieron pasar desde que Hidalgo, al grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!, inició la rebelión contra los españoles que se entregaban a Francia. Fue hasta el año de 1821, cuando Agustín de Iturbide y Juan O’Donojú, el primero como Jefe del Ejercito Trigarante, que sí buscaba la independencia de México, y el segundo que había llegado a México, con el nombramiento de Capitán General y Jefe Político , es decir, ya no como Virrey. En fin, ya es harina de otro costal o de otra reflexión, hablar de la consumación de la independencia de México.

Algo para recordar: Algunos historiadores señalan que el primer Grito de Independencia lo dio Ignacio López Rayón el 16 de septiembre de 1812, en Huichapan, Hidalgo. Un año después, el general José María Morelos y Pavón ordenó en los Sentimientos de la Nación conmemorar cada año el día 16 de septiembre como el aniversario de la Independencia. Al parecer, Morelos tenía otro objetivo al del Padre Hidalgo, objetivo más claro y trascendente que la de la lucha iniciada por Hidalgo.

Uno de los festejos más significativos estuvo a cargo de Maximiliano, segundo emperador de México (el primero fue Iturbide). El fue el primer gobernante en ir personalmente a Dolores (hoy Dolores Hidalgo) en Guanajuato, para la ceremonia del grito, un 16 de septiembre, no en la noche del 15. Fue el general Porfirio Díaz, siendo Presidente de la República, quien cambió la fecha del Grito de Independencia al 15 de septiembre para hacerla coincidir con el día de su cumpleaños, pues quería identificar el destino de México con su persona, quería colgarse de los hechos de otros para acrecentar su imagen. Cualquier semejanza con algún gobernante actual es pura coincidencia.

¡Somos libres y festejamos 200 años de independencia!, se gritará ahora; y se romperán cascarones de huevos con confeti y harina en las cabezas de las muchachas y jóvenes. Y no faltará la arenga del Presidente, de los Gobernadores y de los Presidentes Municipales para señalar cada uno de ellos, los beneficios de sus respectivos gobiernos que siguen luchando por mantener la independencia. Desde luego, cada uno desde su óptica y desde el punto de vista y color del partido que lo llevó al poder. En fin, ya veremos qué hace cada uno de ellos.

Pero si es conveniente no olvidar que son diferentes las condiciones de la Nueva

España de 1810 y las actuales de México del año 2010. En 1810, había religión de estado; en 1810, los resabios del órgano represor llamado Santa Inquisición y de sus castigos para aquél que no se plegara a la religión de estado, estaban presentes; ni duda cabe que en el proceso de independencia, la Santísima Virgen de Guadalupe fue factor importante, pero también, ni duda debe existir de que, en el año 2010, la pluralidad política y la libertad de conciencia son realidades insoslayables. El México de hoy, es plural en política y es plural en cuanto a concepción y práctica religiosa.

LO QUE SON LAS COSAS . . . Ateniéndonos a los historiadores Lucas Alamán, Francisco Bulnes, José Bravo Ugarte, Joseph L. Schlarman y Mariano Cuevas, éste último mencionado al inicio de esta colaboración, y otros más, la arenga del señor Cura Miguel Hidalgo, pronunciada a las cinco de la mañana del 16 de septiembre, fue para quitar al mal gobierno y para preservar la independencia y soberanía respecto del imperio francés, por lo que, en buena lógica, los mexicanos de hoy debemos seguir en la línea de luchar contra el mal gobierno y contra los malos gobernantes y los funcionarios diabólicos, que los hay; hoy por hoy, ya no con las armas, sangre y vidas de compatriotas, sino por medios pacíficos, tales como el voto, la crítica, la propuesta y la participación política, y así buscar que se preserven nuestra independencia y soberanía nacional.