Por: Zeferino Ramos Nuño
La consumación de la Independencia de México tuvo lugar, oficialmente, el 27 de septiembre de 1821, aunque se venía gestando desde mucho tiempo atrás. Muerto Morelos, con el que había tomado grande incremento el movimiento independentista, se vio venir a menos la lucha y parecía apagarse para siempre, no obstante los esfuerzos de Mina, Guerrero y otros insurgentes que apenas habían tenido medianos éxitos y las rivalidades entre los jefes eran en extremo perjudiciales. Pero gracias a la labor de los liberales de España, los más importantes criollos de la Colonia, y aún algunos peninsulares de renombre y fervorosos católicos, establecieron las ‘Juntas de la Profesa’, de las cuales salió el hombre que habría de dar cima a la empresa comenzada en Dolores: Don Agustín de Iturbide. Y de ahí a la firma de los llamados Tratados de Córdoba, firmados por O’Donojú e Iturbide.
Obvio es decir que en esos Tratados, se estableció también, que México sería una Monarquía Constitucional, y que a ésta serían llamados el Rey Fernando VII o algunos de sus familiares. Asimismo, se estableció que en la transición habría una Junta de Gobierno compuesta por 38 individuos, entre ellos, O’Donojú e Iturbide. También se estipuló que, en tanto no decidieran encabezar el Imperio Mexicano, Fernando VII o alguno de sus familiares, gobernaría una Junta de Regencia, integrada con 5 miembros: O’Donojú, Iturbide, Don Manuel de la Bárcena (Deán de Michoacán), Don Isidro Yáñez (miembro de la antigua Audiencia) y Don Manuel Velázquez de León (antiguo Secretario del Virreinato).
Quizá la mayor gloria de Iturbide consistió en haber tomado otro camino del que inició Hidalgo, camino más recto, fácil y atinado para consumar la Independencia, ya que, al contrario de Hidalgo, en lugar de permitir los odios de clase y de convertir la insurrección en anarquía (recordar la matanza de peninsulares que Hidalgo permitió en la Ciudad de Guadalajara), se desvivió por agrupar a todos, predicando la unión de los mexicanos y españoles y luchando así, unidos, por lo que más amaba el pueblo del México naciente: la Religión y la Independencia, fines que proclamaba su famoso Plan de Iguala y que son los tres emblemas primarios de nuestra enseña nacional.
Los historiadores, en sus respectivas obras dan cuenta de la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. Dieciséis mil hombres, de los cuales la mitad eran de a caballo. La Ciudad estaba loca de entusiasmo y en cada casa se veían los colores de la bandera de las tres garantías: Blanco (Religión), Rojo (Unión) y Verde (Independencia). La gente se agolpaba a las calles y plazas por donde habían de pasar los 16000 hombres que formaban el ejército más numeroso que hasta ese entonces se había visto en México. Iturbide, montado en un caballo negro, iba al frente, seguido de un numeroso Estado Mayor. Entró a las 10:00 de la mañana por la Garita de La Piedad y, avanzando por el Paseo Nuevo (hoy Bucareli) y la Avenida de Corpus Christi (hoy Av. Juárez), se detuvo en la esquina del Convento de San Francisco, bajo un soberbio Arco Triunfal. Allí esperaba el Ayuntamiento y, adelantándose el Alcalde más antiguo, Don José Ignacio Ormaechea, le presentó unas llaves de oro emblemáticas de la ciudad. Entre repiques de campanas, aplausos, vítores, cohetes y gritos de ¡Religión, unión e independencia!, terminó la marcha del Ejército Trigarante a las 2:00 de la tarde. Luego, Te Deum solemne, en Acción de Gracias, en la Catedral Metropolitana.
Y ya en el Palacio Virreinal, el discurso o arenga de Iturbide: Mexicanos: Ya estáis en el caso de saludar a la patria independiente, como os anuncié en Iguala; ya recorrí el inmenso espacio que hay desde la esclavitud a la libertad, y toqué los diversos resortes para que todo americano manifieste su opinión escondida. . . Ya me veis en la capital del imperio más opulento sin dejar atrás arroyos de sangre, no campos talados, ni viudas desconsoladas, ni desgraciados hijos que llenen de maldiciones al asesino de su padre. . .. Y añadió: Ya sabéis el modo de ser libres; a vosotros toca señalar el de ser felices.
Señala Francisco Bulnes: Iturbide emperador, llamó a formar parte de su gobierno a los hombres más notables de todos los partidos. Y éste fue su gran error, pues si fracasó la monarquía, se debió en gran parte a los españoles que, no resignados con su derrota, se apoderaron desde el primer momento de la Junta de Gobierno, expidiendo una Convocatoria antidemocrática y antinacional y, queriendo que el Congreso fuese ‘un rey omnipotente’, no se cansó de hostilizar a Iturbide.
Otro de sus errores consistió en haber sostenido al mismo Congreso que había disuelto y que fue más tarde causa de su caída, en lugar de haber lanzado una nueva convocatoria. Como señaló Bulnes: Iturbide fue valiente para morir y cobarde para matar con todo derecho. Si hubiese ejecutado a los cabecillas revoltosos, tal vez no hubiéramos tenido que lamentar tantas revoluciones en nuestro suelo.
Luego de la caída del emperador Iturbide (1823), el acta de independencia fue reformada y en lugar de decir Imperio, se estableció el término República. Por eso se dice que México cuenta con dos actas de independencia.
Pero no hay que olvidar lo que se ha dicho desde el Imperio Romano, la historia la escribe el vencedor. Así, tenemos que el día 15 pasado, en el programa de televisión ‘Primero noticias’, Carlos Loret de Mola en entrevista a Enrique Krause le preguntó: Enrique, ¿por qué se celebra el inicio de la lucha de independencia de México y no la fecha de la consumación de la misma el 27 de septiembre? Y Enrique Krause le contestó: Bueno, así lo determinaron los liberales mexicanos de mediados del siglo XIX. O sea, la historia se escribe al gusto del cliente, por aquello de que ‘el que paga manda’.
Y así como está reuniendo y paseando por la Ciudad de México los restos de algunos de los Insurgentes, habrá que preguntarle a Felipe Calderón: ¿por qué no busca los del consumador de nuestra Independencia Nacional y los reúne a todos?
LO QUE SON LAS COSAS. . . Ayer, 27 de septiembre, a 189 años de la consumación de la independencia nacional, México no es una monarquía como lo proyectaron los que iniciaron y consumaron la independencia. Pero es una fecha olvidada por la mayoría de los mexicanos y más aún, tendenciosamente no escrita como merece serlo en los libros de texto y enseñanzas de los profesores. Es tiempo de que México reescriba la verdadera historia de la Nación Mexicana y se dejen atrás odios y divisiones sectarias y se enfrente con valentía la verdad.