El nombre de Baltazar Segura Reyes posiblemente muchos no lo conocen, pero fue el fundador de los restaurantes de mariscos y pescado sarandeado El Bigotes, como se le conocía a Baltazar.

Falleció anteayer a los 77 años y al mediodía de este jueves se le dio sepultura en el panteón Jardines de San Juan.

En el transcurso de la mañana, a unos metros de la funeraria permaneció un vehículo con equipo de sonido, anunciando, a manera de despedida, la propaganda del restaurante con la conocida frase de que quien no conoce al Bigotes no conoce a Nayarit.

Una reseña de Baltazar Segura la narra, emocionado, conmovido, su hijo Víctor Manuel Segura Hernández, quien llegó a Tepic hace más de 40 años, cuando era un niño.

Cuenta que su papá trabajaba en la fabricación de calzado, en su natal León, Guanajuato, pero fue despedido de la empresa Blasito cuando se industrializó el ramo. Después se fueron a buscarle a la ciudad de México, luego a Guadalajara, y finalmente arribaron a Tepic.

Mi papá trabajaba en unos baños públicos que había junto a la gasolinera Vargas, frente a los estadios; ahí daba masajes y se ganaba unas propinas, también lavaba pipas que transportaban miel.

En esa época, agrega Víctor Manuel, su papá entabló amistad con Ernesto Ramos y con otra persona conocida como El Castor, ya fallecida. Solían ir a Tuxpan a comer pescado sarandeado y con frecuencia regresaban con unos tragos encima.

Fue así como Baltazar Segura le propuso a Ernesto Ramos que iniciaran un restaurante en Tepic, que desde un principio fue llamado Bigotes y que estaba en la colonia El Rodeo.

Pero esa sociedad no funcionó por mucho tiempo y Segura Reyes instaló su negocio en la avenida Allende frente a los estadios, en un inmueble rentado. De Santiago Ixcuintla trajo una persona para que sarandeara el pescado, pero luego lo hizo él mismo porque aquel regresó a su tierra.

Sin hermanos El Bigotes, tuvo 12 hijos con su esposa Leonor Hernández.

Víctor Manuel Segura recuerda la tarde de un martes de aquellos años.

No había gente, no teníamos clientes y ví a mi papá parado en la puerta. Yo era muy joven, quise animarlo y le dije: ‘es que es martes’. Y me respondió: ‘¿y qué, porque es martes no vamos a comer ahora?.

Mi papá tenía un carisma y un sentido del humor impresionante, era una persona muy querida; muchas veces me tocó ver que pasaba gente por el negocio y las paraba para hacerles plática y al rato ya estaban adentro comiendo o tomándose una cerveza. Decía que por necesidad la hacía hasta de cantinera.

El restaurante ha tenido varios cambios de domicilio. Estuvo en P. Sánchez y Calzada del Panteón, luego en Calzada del Panteón y 12 de Octubre, en Insurgentes frente a Los Llanitos, y ahora por el libramiento.

Otro hijo de Baltazar precisa que la frase quien no conoce al Bigotes no conoce a Nayarit fue idea de su hijo Jesús Segura.

Víctor Manuel señala que en el restaurante se cocinaba para el Gobierno del Estado durante la época de Rogelio Flores Curiel. En la parte última de ese sexenio, el todavía gobernador le preguntó a Baltazar, extrañado, cómo era posible que no tuviera permiso para la venta de vinos.

Flores Curiel le regaló el permiso. Mi papá no se había animado a pedírselo.

Durante cinco años, El Bigotes instaló un restaurante en Guadalajara, en la plaza Patria, pero finalmente regresó. Hace escasos dos meses enfermó. Había dicho que no quería una vida artificial, lleno de tubos. Hizo poca cama y murió ayer. El próximo seis de enero cumpliría 78 años.

Minutos antes de las 12 del mediodía, el cuerpo de Baltazar Segura Reyes fue llevado al panteón.

La carroza era seguida por muchos vehículos, entre ellos el de las bocinas con la propaganda del restaurante El Bigotes, que así lo despedía.