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04 / Septiembre / 2018

Aunque sea uno neófito en materia de comercio libre entre naciones, no deja de saltar a la mente que algo podría andar mal cuando ahora Canadá no quiso integrarse al Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los USA y nuestro país; y presenta mal semblante el ahora llamado acuerdo bilateral entre México y los USA, debido a la alegría que mostró el presidente norteamericano Donald Trump, por el entendido de que los USA no tienen amigos sino intereses.

La satisfacción que ha mostrado el presidente gringo podría decir mucho en cuanto a lo que, como señalan varios analistas, México cedió mucho más de lo requerido para satisfacer la voracidad del gobierno estadounidense. Obviamente que pasado algún tiempo o ya en la práctica veamos cuánto nos perjudicó aún más este acuerdo comercial y cuánto no; pero lo más probable es que el acuerdo haya sido más en detrimento de nuestra depauperada Nación. Porque volviendo a los analistas, falta todavía ver qué dice la letra chiquita, las entrelíneas y lo que vaya surgiendo conforme avance el tiempo comercialmente hablando y además, si la negativa de Canadá sigue firme o también lo obligan a entrarle al ajo debido a la amenaza económica estadounidense.

No es nada descabellado estar alertas ante lo que pudiera significar este acuerdo comercial en forma bilateral nada más y no trilateral tal y como se tenía ya y se pensaba que fuera a establecerse nuevamente; y más alertas deberíamos estar, sí, deberíamos todos los mexicanos y no nada más los involucrados en el comercio internacional, porque este acuerdo podría significar más pobreza para la mayoría de los mexicanos y el encumbramiento económico de unos cuantos nada más, tal y como ha acontecido con el TLC original que firmó Carlos Salinas de Gortari, del que tanto se vanaglorió.

Recuerdo aquella vez que se anunciaba con bombo y platillo la proximidad del famoso TLC entre los tres países de Norteamérica, porque se decía que ya estábamos próximos a entrar de lleno al primer mundo; y más lo recuerdo porque mirando por televisión un partido de béisbol de las grandes ligas, un familiar comentó que qué tal cuando los estadios de México fueran igual que los de USA, expresión que me causó risa tal vez por la ingenuidad o inocencia del familiar.

Este primer TLC entró en vigor el 1 de enero de 1994, y de inmediato se armó el tinglado del levantamiento del llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), posiblemente como una cortina de humo para desviar la atención de la opinión pública sobre lo que en realidad significaba este dichoso tratado comercial para muchos mexicanos que con el pasar del tiempo paulatinamente fueron integrándose a las filas de la pobreza; sobre todo los campesinos que sin poder hacer nada se vieron forzados a vender sus ejidos y a buscarle por otro lado y muchos al otro lado. Y he ahí los resultados de ese famoso TLC que depauperó el campo mexicano a más no poder, porque dígase lo que se diga, el campo mexicano fue uno de los principales afectados gracias a ese TLC del que obviamente, nada más hablan bien los pocos acaparadores que sí salieron beneficiados. La clase trabajadora también no iba a quedarse atrás perdiendo sus empleos y desde luego, quienes siguieron laborando, vieron esfumarse sus conquistas laborales y la seguridad de tener un trabajo permanente.

Así que la pregunta es: ¿por qué la felicidad del Donald Trump? Ni modo que sea porque a los mexicanos nos va a ir de maravilla con este acuerdo. Si está feliz el presidente gringo es precisamente porque se acordó lo que él puso en el tapete y todo bajo sus propias condiciones.

Sin embargo, existe la posibilidad de que este acuerdo bilateral, de llevarse afecto, podría bien ser una papa caliente para el próximo gobierno que entrará en funciones el 1 de diciembre de este año. Porque mientras se firma y entra en vigor se le llegará el tiempo a la nueva administración y ahí podría saltar la liebre de lo que en realidad encierra dicho acuerdo y a quien le caerá toda la bronca será al nuevo Presidente de la República; así que ahí te ves y arréglatelas como puedas, le va a estar diciendo el gobierno saliente, y el gobierno canadiense lo único que dirá tal vez será: se los dije, pero no quisieron entender, pues USA, como siempre, quería todo el pastel.

Y el mensaje más claro de que algo anda mal con este acuerdo bilateral es la reacción de Donald Trump cuando abiertamente vuelve a retomar el tema del muro afirmando que ya está que México lo pagará. Sea pues. Vale.