Por: Óscar Verdín Camacho.- Las imágenes captadas ayer por la mañana en el Hospital General y que aquí se presentan, muestran una realidad cruda. Duelen.
En un rincón de la sala de urgencias, un hombre, un paciente está acostado en el suelo, sobre una cobija a cuadros, porque no hay cama para él.
Del lado de enfrente, en un cuarto con medidas aproximadas de tres metros de longitud por 1.5 de ancho, hay pacientes –y algunos familiares- sentados en sillas de plástico. Todos traen cubre boca. Temen contagiarse de alguna enfermedad distinta a la que los llevó ahí.
Una joven mujer, Rocío Esmeralda Ruiz Vicente se pone de pie y trae consigo una botella de suero. Relata: tiene anemia, necesita sangre AB positiva y no se la han suministrado. Llegó al hospital ayer y antenoche medio dormitó sentada en una silla.
Otra mujer joven, Marisa, quien tiene una lesión en un brazo, se aproxima a este reportero y señala que ha pedido su alta voluntaria. Yo ya me voy, tengo cuatro días aquí y no me atienden. ¡Aquí no hay nada de medicina!. Estoy cansada. Todo estos días he estado en una silla.
El uso del cubre boca, explica la familiar de un paciente, es porque saben que en esa área hay un enfermo con tuberculosis y temen el contagio. También él está en el suelo, sin cama.
Hemos pedido que se lo lleven a otra área pero no hay dónde. Nosotros llegamos el lunes. Mi hija, María Ivón Anaya, trae quebrado el brazo. Ella también tiene retraso psicomotriz y no ha tenido cama, no hay, desde el lunes ha estado en una silla.
Un muchacho, esposo de Yaneth Guadalupe, otra paciente, explica que ésta enfrenta un problema de vesícula y la historia es la misma: no nos dan cama, así estamos desde el lunes.
Yaneth trae una sonda que llega a su nariz, donde se le aprecia un parche blanco. Además de ello, su esposo le puso el cubre boca.
No hay sábanas, no hay medicina. Nosotros traemos las cobijas, señala la mamá de un muchacho que sí está en camilla.
El hacinamiento es impresionante. Las sondas arrastran en el suelo.
El personal médico tampoco da crédito a la situación. Uno de ellos señala:
¡Esto se tiene que saber!, no es posible que se pretenda ocultar. Nunca habíamos trabajado con tantas carencias, mucha gente está padeciendo todo esto. Ayer trajimos al director para que vea lo que está pasando en urgencias, para que no se quede detrás del escritorio.
Otro empleado del área médica ironiza, de manera cruda: esto parece un hospital de guerra. Diario tenemos gente en el suelo, en sillas
Enfermeras indican que es prácticamente imposible atender a todos los pacientes, máxime que desde la semana pasada se suspendió el trabajo a las enfermeras que hacían suplencias, las cuales mantienen un plantón frente a Palacio de Gobierno en demanda de que sean contratadas.
Pero esta realidad brutal se encuentra lejos del mundo de los altos funcionarios públicos. En los últimos meses de su administración, el gobernador Ney González ha dado muestras de estar más pendiente de influir en el proceso electoral, en tanto que el ex secretario de Salud Omar Reynozo –señalado, junto a Ney, como presuntos autores de un saqueo en la Secretaría de Salud- también participa en actos políticos en Bahía de Banderas en busca de algún cargo de elección.
Son los dos mundos que se viven en Nayarit. El real, y el de algunos políticos.