* A pesar de que el exterior de la penal está custodiado por policías estatales, no hubo reacción frente al ataque.
Por Óscar Verdín Camacho
Durante la mañana de ayer, el ex agente de la Policía Estatal Preventiva (PEP) Miguel Ángel Carranza Macías arribó a los juzgados que están junto a la penal de Tepic en compañía de su mamá, una señora que se dedica a vender ropa y otros artículos entre empleados de oficinas. Como acaba de ser día de pago, este miércoles fue a cobrar.
Minutos después de las 12:00 horas, mientras la señora recorría varias oficinas, dos hombres corrieron frente a los juzgados, por el área del estacionamiento. Uno era Carranza y trataba de ponerse a salvo del otro que empuñaba una pistola.
El primero corrió por un pasillo que está entre las oficinas de agentes del Ministerio Público y los juzgados Primero y Segundo Penal. Ahí le dispararon cuatro o cinco veces. Unos instantes después, hubo más disparos.
Carranza, de aproximadamente 30 años, intentó llegar a la calle, en lugar de correr a donde están policías estatales que vigilan el ingreso a la propia penal, a escasos 25 metros de distancia.
Su cuerpo quedó a espaldas de las agencias del Ministerio Público y a unos seis metros de la pared del Juzgado Primero, dentro de los terrenos de la propia penal
La puerta del citado pasillo regularmente está abierta porque junto a la calle hay puestos de comida donde compran los empleados judiciales.
Precisamente un muchacho que comía ahí, adscrito a un juzgado, resultó herido de bala.
Y por esa puerta huyó el sujeto que disparó contra Carranza Macías. No hubo reacción de los policías estatales asignados a la vigilancia del inmueble.
Tras los disparos, en las oficinas judiciales todos se tiraron al suelo por temor a ser alcanzados por alguna bala. Minutos después, cuando el Ejército y policías cercaron el área, empezaron a surgir versiones sobre la identidad de la víctima.
Observando por la ventana de una oficina, la señora que había ido a cobrar sus ventas comentaba que el cuerpo parecía traer tenis como los de su hijo, y al confirmarse la identidad, la mujer rompió en llanto. Otros empleados, en su mayoría mujeres, también sufrieron crisis nerviosa.
Sin embargo, a pesar de la magnitud de los hechos, el Poder Judicial pareció minimizar lo ocurrido y los juzgados penales continuaron laborando, lo mismo que las agencias ministeriales adscritas, después de que el cadáver fue trasladado al Servicio Médico Forense (SEMEFO).