Por ÓSCAR VERDÍN CAMACHO


Hija del mecánico Rodolfo Díaz, para Lidia Díaz Orozco fue común en la adolescencia mover carros y motos que eran llevados al taller de su papá.

Aquel aprendizaje lo aplica ahora, puesto que la motocicleta es vital para cumplir con su trabajo; periódicamente compra unos 10 ó 12 kilos de cacahuate, semilla de calabaza, habas, y los lleva al horno de una panadería. Después los empaqueta en bolsas de plástico y sale a vender a distintos lugares de Tepic.

La motocicleta Dínamo que usa muestra rastros de mucho camino andado y trata de no usarla por las noches, para evitar más peligro, y además porque tiene dos hijos de 11y siete años, por los que se cuida aún más. Jamás olvida el casco protector.

El año pasado, un agente de tránsito la arrolló y prometió pagarle la reparación de los daños, pero no lo ha hecho.

Su esposo Daniel Maldonado labora en una farmacia.

Vecina de la colonia 2 de Agosto, Lidia Díaz ha aprendido a olfatear los buenos lugares para la venta del cacahuate. Dice que periódicamente va afuera de la SAGARPA, por Insurgentes frente a Soriana, puesto que en la parada de camiones siempre hay gente que compra.

Pero también acude a sitios donde hay manifestaciones, eventos políticos.

Salgo de la casa un rato pero también estoy atenta a los niños. Desde chica aprendí a trabajar. Yo movía los carros y las motos en el taller de mi papá. Era como su ayudante.