Por: Mario Anguiano.- Muy sentido el suceso de la muerte de Miguel Muro Olmos quien el anterior sábado bajó a rendir tributo a la madre tierra, sin duda algo natural es la vida y la muerte, pero esta, cuando nos arranca al ser querido nos produce un profundo dolor de ausencia.

Miguel, desde 1945 perteneció al club deportivo Ejido, equipo de sus amores, luego, ya retirado del fútbol activo, se le veía cada domingo cerca de la cancha del estadio Vicente Bizarrón Barajas, a la sombre del árbol que da sus sombra hacia la Rayón, ahí, colocaba una silla que viajaba con él y disfrutaba de los partidos, principalmente cuando jugaba Ejido, ahí teníamos el gusto de saludarlo y charlar con él, y con su amigo El Poste Medina.

De pronto dejamos de verlo en la cancha, algo preocupados nos informamos que estaba encamado, lecho que ya no abandonaría por semanas, hasta que, lamentablemente dejó la existencia terrenal, Dios, en su infinitiva sabiduría, le llamó en cuanto El Flaco cumplió su misión en este mundo de paso.

Su funeral estuvo lleno de amigos y familiares, así es cuando la persona ha sido de buen vivir, honesto y generoso, toda esa gente y más le acompañó hasta la que será su última casa terrenal, toda esa gente, reconfortó a los dolientes de esta gran hombre, Miguel Muro Olmos.

El Flaco nació en Tepic un 27 de noviembre de 1919, hijo de Fidel y de María casó con Margarita Delgado y tuvieron a Jorge Luís, Alma Rosa, Irma Leticia, Sara Bertha, María Guadalupe, Laura Elena, Martha Margarita, Ana María, José Miguel, Luz Angélica, Claudia Suami y Eréndira del Carmen.

El paso por el club Ejido fue de una importante trascendencia, formó parte de aquel grupo de jugadores que anduvo pegando ladrillos para hacer las bardas de ese espacio deportivo, grupo que encabezó Vicente Bizarrón, Miguel es de los fundadores de ese Club de los cuales ya quedan pocos, más, que importante es tener una vida plena, honesta, dedicada a la familia, porque nuestro querido amigo Miguel Muro Olmos tuvo el gusto de ver a sus hijos formados, a quienes con mucho esfuerzo y trabajo honrado supo sacar adelante.

Le pedimos fervientemente al Todopoderoso que les de su amor a los familiares de Miguel, que les haga llegar el beneficio llamado resignación y que el con recuerdo suplan la ausencia física de este señorón, ya que: Solo muere lo que se olvida.

Vaya pues un fuerte abrazo y apretón de manos para estas personas, hijos de don Miguel Muro Olmos, El Flaco, a quien le decimos sinceramente: Descansa en Paz, ya hombre, tus obras hablan por ti