Por Óscar Verdín Camacho


Es el domingo 23 por la tarde. Una ambulancia arriba al Hospital General de Tepic con un hombre que trae heridas en la cara y la cabeza. Se le nota sangre a pesar del vendaje.

El muchacho es colocado en el centro de la sala de urgencias; tras una primera valoración, una doctora empieza a coser las heridas, ante la mirada de decenas: pacientes que se encuentran estables, pero sobre todo familiares de estos, que los acompañan.

La jornada de la doctora provoca un silencio expectante. No hay cortina alguna para que la profesionista y su paciente tengan una mínima privacidad. No existen esos separadores. Cualquiera puede ver. El herido se mantiene con las manos unidas entre si. Su cabeza está a escaso un metro de los pies de otro hombre en situación grave. Un aparato que con frecuencia provoca un sonido chillante y tiene una luz roja lo mantiene vivo. Una de sus hermanas le da masajes en pies y manos.

Llama la atención una coincidencia: la mayoría de los enfermos de urgencias son mujeres en edad avanzada. Varias ya tienen días ahí.

También está, ese domingo 23, un interno de la prisión federal El Rincón, custodiado por no menos de 15 policías federales.

A centímetros de la doctora que cose las heridas está otra paciente, una señora, lúcida, que observa con atención.

Esa tarde de domingo, otra ambulancia arriba con un hombre pálido que está en sus últimos momentos de vida, o quizás ya está muerto. Su hija llora, mientras su esposa muestra agotamiento, pero firmeza. La primera es sacada de la sala y la otra se mantiene dentro. El personal médico pide a todos los familiares de pacientes que salgan. La razón: en breves momentos se confirma la muerte del hombre recién ingresado. La muerte que llega asusta a los enfermos y a sus parientes; uno de estos dice sentirse mal, mortificado.

Mal momento seleccionó un muchacho alto, de sombrero y short largo para llegar afuera de urgencias. Dice requerir medicamento controlado y quiere cantar a cambio de unas monedas, pero un policía le pide retirarse. Hay caras largas, agotadas, angustiadas. No es momento para cantar.

Uno de los empleados de guardia comenta que muchos de los pacientes de urgencias deberían estar en otras salas, pero no hay lugares disponibles, así que conviven con enfermos en etapa terminal. Y de todas enfermedades.

Al caer la tarde del domingo, dos patrullas y una ambulancia de la Policía Federal custodian al mencionado reo, de regreso a El Rincón. Los policías montan un operativo y apantallan con sus armas largas. Se despiden con el ruido de las sirenas.


¿ACÁ, CUÁNDO?


Las anteriores imágenes se repiten en urgencias del Hospital General. El hacinamiento de enfermos ha sido descrito por este reportero en varias ocasiones. Los trabajos de remodelación en la sala de urgencias original están frenados desde hace más de dos años y siguen las versiones de que atrás de todo está la malversación de recursos, el saqueo durante el gobierno de Ney González Sánchez.

El lunes 24, el gobernador Roberto Sandoval Castañeda anunció la creación de la Policía Nayarit para hacer frente a la delincuencia, apoyados los agentes con un helicóptero y un camión con blindaje, entre otros equipos.

La iniciativa de Sandoval contra la delincuencia ha hecho suponer que también habrá prontas medidas para que terminar, ya, éste grave problema de amontonamiento de enfermos, de carencias en medicina, que agravia todos los días.