Por Luis Chávez López


Ayer que fue día de los muerto, una de las tradiciones mexicanas más nuestras que debemos conservar y fomentar entre las nuevas generaciones porque corre el riesgo de perderse o de plano contaminarse por el llamado halloween.

Desgraciadamente es el poder comercial de la radio y la televisión y claro algunos colegas periodistas los que en sus espacios le dan vuelo a las fiestas del halloween, que evidentemente no tiene raíz mexicana y es tan extranjera como un pelirrojo irlandés vestido de duende.

Es en las telenovelas, en series cómicas, en los noticieros y claro en los comerciales de los grandes centros comerciales que nos pasan a cada rato en la televisión y el radio donde nos invitan a celebrar tontamente el halloween.

Si no vea en los antros por ejemplo se invita a los jóvenes a ingerir litros y litros de alcohol y fumar tabaco en el mejor de los casos mientras bailan disco y todo mundo festejando esta fiesta extranjerizante.

A los niños se les pinta la cara de monstruos o de seres horripilantes y los padres los lanzan a pedir calaverita a las puertas de los vecinos, ¡queremos halloween, queremos halloween! Gritan los chiquillos en las puertas de las casas.

Pero decíamos que nuestra tradición ante todo este embate publicitario empujado por las televisoras y casas comerciales para vender más, es como esta fiesta del pagana está entrando en los hogares mexicanos y hace a un lado al tradicional Día de Muertos que en ocasiones parece desvanecerse en el tiempo.

La tradición mexicana nos enseña a visitar las tumbas de nuestros seres queridos, limpiarlas, pintarlas, llevarles flores, hay quienes comen y desayunan ahí algo de lo que en vida les agrado, les llevan música y hasta alguna bebida fuerte como el tequila o una cerveza, en fin.

EL ALTAR. En los hogares se pone el altar con el rico pan de muerto, las flores amarillas, se sirve la comida, desayuno y cena que más les gustaba a los seres queridos, se les pone agua,

Abundan las frutas frescas, las naranjas, las limas, las mandarinas, tejocotes, guayabas, la fresca sandía o el melón partido.

Los postres como las ricas natillas, el tejocote enmielado, el arroz con leche y canela, la capirotada.

En la tarde noche a los muertos se les pone sabroso atole de masa, pan, crujientes buñuelos endulzados con piloncillo, canela y guayabas, algunos hasta les ponen ponche de frutas de la temporada, alguna canelita con piquete, unos cigarritos para después y hasta un puro para quien en vida tenía ese gusto.

Se trata de agradarlos, deleitarlos, hacerlos sentir que son bienvenidos, que siguen siendo parte importante de nuestra vida, que siguen aquí entre nosotros y que esta celebración mexicana es para ellos. Es un tributo de quienes estamos en esta vida para ellos.

LAS FECHAS. Pocos saben que el primero de noviembre está dedicado a los difuntos niños y el dos al resto de nuestros seres queridos que se nos han ido.

Celebremos esta importante fecha a la mexicana y fomentemos entre nuestros jóvenes y niños esta bella tradición que si es nuestra y que honra con amor a nuestros seres queridos que se nos han adelantado en el camino, que sepan y que sintamos que no los olvidamos, que para consuelo nuestro viven en nuestro corazón y forman parte de nuestra paso cotidiano por la vida.