Por: Juan Fregoso
Hace unos días, un ilustre dirigente de la Unión de Permisionarios del Sitio Hidalgo, andando pegando propaganda política en los vehículos, para patentizar su apoyo a los candidatos del PRI, recibió una interrogante de los trabajadores afiliados a la CTM, o lo que queda de ésta organización que fuera baluarte durante el largo reinado del líder lechero Fidel Velázquez, que en realidad nunca defendió los intereses o derechos de los obreros sino de la clase burguesa, de la élite política que le otorgó gracias a su sumisión cargos de representación popular a sus incondicionales.
Fidel Velázquez, a pesar de ser un consumado ignorante logró un inmenso poder—más que el propio presidente de la República—que hasta se dio el lujo de influir en la selección de los candidatos presidenciales, ya que cuando se trataba de elegir a quien llevaría las riendas del país, Velázquez era llamado para que diera el visto bueno, es decir, si el pretenso propuesto por la clase gobernante era el idóneo, su palabra era decisiva, determinante para la postulación del candidato.
Si el líder obrero daba luz verde el aspirante pasaba el cedazo fidelista, pero si éste le negaba su apoyo simplemente no pasaba, a menos de que negociara algunas posiciones con este cacique; es un hecho hartamente conocido el de Carlos Salinas de Gortari, quien cuando fue destapado—recuérdese que era la época de los tapados, —Fidel Velázquez no estuvo de acuerdo en su nominación; cualquier otro, menos ese pinche pelón, dijo Velázquez, en ese entonces.
Con todo y el berrinche que hizo el sempiterno dirigente obrero, Salinas consiguió ser el candidato presidencial; después, ya en el poder, Carlos Salinas se cobró con creces el desdén fidelista encarcelando a varios líderes petroleros, como a Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como La Quina, huelga contar los pormenores de este caso porque son conocidos por todos.
Durante el salinato comenzó la debacle de Fidel Velázquez, perdió la fuerza política que tuvo y finalmente murió; los trabajadores, con la muerte de su dirigente lograron emanciparse, aunque no del todo, pero ya sin el yugo fidelista quedaron libres para elegir a los candidatos de sus preferencias, porque mientras duró su fidelismo estuvieron sujetos a la arbitraria voluntad de este señor que les daba línea para que votaran por los candidatos oficiales.
Afortunadamente, a la muerte de este, repito, los trabajadores consiguieron su emancipación, tal como se ha visto pues ahora ya pueden sufragar por quienes ellos quieran, aunque todavía quedan otros caciques que siguen el ejemplo del tristemente célebre Fidel Velázquez, pero no con la fuerza de éste, y por lo tanto, ya es más difícil controlar a los obreros, los cuales abiertamente le han dado su respaldo a los candidatos de oposición.
Pero volviendo al principio de esta columna en que se señala que el dirigente del Sitio Hidalgo, cuando fue interrogado por los taxistas que quería decir la palabra emancipación, se quedó mudo, no supo que contestar porque seguramente ni siquiera cursó la educación secundaria, pero como en tierra de ciegos el tuerto es el rey, este señor figura como un ilustrado representantes de cerca de 60 permisionarios, y desde luego, con el poder que también da la ignorancia pretende manipular la voluntada de los choferes, tal y como se hacía antes bajo la férula del meco de Fidel Velázquez.
Al insigne líder de los dueños de taxis hay que decirle que emancipar significa—sin entrar en muchos detalles—liberar o independizar a alguien de la subordinación o sujeción en que se encuentra; emancipar a la masa trabajadora del dominio patronal. Los patrones, incluido el dirigente, le han arrebatado impunemente sus derechos laborales a los pobres trabajadores, puesto que muchos permisos que venían destinados para ellos se los robó esta caterva de pillos, por supuesto que con la complicidad de algunos gobernantes que están amafiados con los permisionarios.
Pero gran culpa de que esto suceda la tienen los propios choferes, porque en vez de unirse están dispersos, mientras que sus patrones están fuertemente unidos para defender sus propios intereses, esta es la razón por la cual la clase trabajadora se coloca en una frágil posición que saben aprovechar sus patrones, que con el sudor de los trabajadores se han enriquecido exorbitantemente, inclusive algunos de ellos—entre los que se encuentra el analfabeto dirigente—antes de ser un próspero empresario del servicio público, era un simple trabajador de una conocida empresa vendedora de bebidas gaseosas, pero cuando entró a trabajar al Sitio Hidalgo, gracias al apoyo de un gobernador ya extinto logró obtener un permiso, ahora tiene varios y aquel don nadie llegó a convertirse en un fiero patrón, que olvidando sus raíces, hoy es un explotador más de sus hermanos de clase.
Ahora, aquel humilde chofer, es el presidente de la Unión de Permisionarios, aunque su cabeza esté hueca de los conocimientos más elementales, a tal grado que desconoce el significado del lema por la emancipación de México, emblema de la otrora poderosa CTM, y a la cual pertenece, y de esta central obrera salieron varios diputados, que posteriormente fueron presidentes municipales, al fin y al cabo, que en política no se requieren estudios, pues basta con tener un buen padrino.