Claudia Isela Hernández
San Blas de mis días soleados y mis noches con luna,
de mis lindos amaneceres y mí agraciada fortuna.
Fortuna porque he nacido, en este bellísimo Puerto,
en el que cantan sus aves, de algún palmar ya desierto.
El San Blas de la historia y de mi historia vivida,
de sus extensos manglares y su fauna enriquecida.
El de aquellas campanas, melodiosas de su Iglesia,
y de un claro manantial, rodeado por su belleza.
San Blas Puerto adorado, donde Dios me dejó nacer,
donde mis bellos recuerdos, asimilan su atardecer.
Las aguas en los esteros, que circulan sus leyendas,
de los que hicieron historia, para ellos van mis ofrendas.
Donde los pescadores, se hacen en alta mar,
orando a la Marinera, poder con bien regresar.
La que reina en la piedra blanca y por San Blas vela siempre,
en la tierra de Haramara, de sus Huicholes fervientes.
Cuna de agua dulce y de agua tropical,
rodeado de verde follaje, en su terreno colonial.
Un largo recorrido, que sus arroyos destinan,
llegando a bellos rincones, donde sus pájaros trinan.
Melódicas voces, sus cantantes heredan, compositores talentosos, en vida aun nos quedan.
Las bellezas de San Blas, son bellezas sin igual,
su gente cálida y sencilla, los invita a visitar.
El cerro contaduría, del San Blas eterno y mágico,
recuerdos del héroe Mercado, aquel día histórico y trágico.
El arco imponente anuncia, la llegada a mi San Blas,
Lugar que si llegas un día, no querrás irte jamás.
Estos pues mis sentires a este terruño querido,
el que Dios hizo algún día, un paraíso bendecido