Por: Juan Fregoso

Con la honestidad intelectual que debemos tener quienes nos dedicamos al ejercicio periodístico, hay que reconocer que el candidato del Partido Revolucionario Institucional, hasta el día de hoy, lleva una gran ventaja sobre sus más cercanos adversarios, pero esto no basta para dar por hecho que Enrique Peña Nieto ya tiene la presidencia de la República en la bolsa, para ello tiene que trabajar mucho más para convencer a los mexicanos que verdaderamente él es el indicado para regir los destinos del país.

Para ello, está obligado a superar el efecto mimetizante, paquidérmico y burocratizado que se apoderó del partido, no de ahora, sino desde hace por los menos treinta años o más. Este es uno de los principales desafíos que deberá enfrentar el priísta si es que quiere obtener una victoria incuestionable, que no deje lugar a dudas de su triunfo, ya que de lo contrario, sólo tendría un triunfo pírrico que muy probablemente daría pie al descontento social, como ha ocurrido con algunos de sus antecesores de triste memoria.

El PRI, para llevar a buen puerto a su candidato debe retomar sus principios y su ideología, los cuales fueron distorsionados cuando arribaron al poder los técnicos de la política, es decir, los llamados tecnócratas encabezados por el extinto Miguel de la Madrid Hurtado, y el peor de todos, Carlos Salinas de Gortari, que se encargó de devastar los cimientos revolucionarios en aras de favor a nuestro vecino más poderoso, otorgándole una serie de privilegios mediante la instrumentación de verdaderas contrarreformas que lesionaron la soberanía de México. Cito dos ejemplos solamente: El salinato pactó con Estados Unidos el famoso Tratado de Libre Comercio, que sólo vino a destrozar la economía y a hacer una auténtica fábrica de pobres que desde entonces ha ido en una espiral ascendente, pero aun sabiendo que México no estaba preparado para competir en ningún rubro de la economía con dos gigantes, como son los Estados Unidos y Canadá, Salinas se empeñó en celebrar dicho Tratado para arruinar de los mexicanos.

La otra medida que implantó el entonces presidente de la República, fue la reforma al artículo 27 constitucional, la cual devino en la destrucción del ejido. Con esta reforma—o contrarreforma—el campesino perdió la seguridad jurídica en la tenencia de su tierra, quedando a merced de los terratenientes, ya que los más pudientes fueron los más favorecidos con esta medida gubernamental, porque si antes de la reforma salinista el ejido era inembargable, una vez implementada el campesino quedó en absoluta libertad de vender sus parcelas, y si tenía deudas, sus tierras podían ser embargadas, o venderlas al mejor postor para saldar sus compromisos. La reforma al 27 constitucional, representa el más brutal golpe a los hombres del surco que se debaten en la miseria, al grado de que muchos de ellos al ver que la agricultura ya no es negocio tuvieron que emigrar justamente a Los Estados Unidos, en donde venden sus fuerza de trabajo bajo salarios de hambre.

Por eso, Línea Crítica ha venido señalando que si Enrique Peña Nieto pretende ganar las elecciones del 1 de julio de este año, por salud pública debe deshacerse de la siniestra figura de Carlos Salinas, uno de sus principales operadores políticos. Por supuesto que esto no es nada fácil, pero Peña Nieto tiene que echar mano de alguna estrategia inteligente para sacudirse a este señor que estuvo a punto de ser expulsado del seno del PRI, puesto que lejos de ayudarle lo perjudica en sus aspiraciones, esto es, Salinas en vez sumar le resta credibilidad al ex gobernador mexiquense.

El candidato del PRI puede ganar o rescatar la presidencia, pero sólo si retorna a sus orígenes, volver a los principios que establece este instituto político, es un imperativo de Peña Nieto, puesto que si hace omiso a ello se verá en serias dificultades, no obstante a que las encuestas lo sitúen en primerísimo lugar. El juego político es incierto, la gente es voluble, pues los que hoy dicen estar con el priísta, mañana pueden cambiar de opinión, y en consecuencia, cambiar su intención del voto en el último tramo de la jornada electoral, en este sentido, Enrique Peña Nieto debe necesariamente hacer una autoevaluación de su equipo de campaña en donde se ha visto a verdaderos dinosaurios que siempre han vivido de la ubre presupuestal, y que en su afán de gozar de las glorias pasadas, se le han pegado al mexiquense para seguir manejando los hilos del poder, lo que Peña Nieto no debe permitir, so pena de arriesgar el resultado de su trabajo político y dar al traste con sus sueños presidenciales.

Es necesario recordar, por la importancia que reviste, la declaración de principios del PRI, aprobada en 1984, en la cual se consigna, entre otros puntos, los siguientes: El PRI, es una organización política de mexicanos comprometidos con la finalidad histórica de construir, por la vía del nacionalismo revolucionario, una sociedad libre e igualitaria, caracterizada por la democracia y la justicia social. Además, esta declaración concibe a la Revolución Mexicana como un proceso vivo, de contenido nacionalista, democrático, popular y antiimperialista; reafirma que el estado mexicano existe para que ninguna de las clases sociales pueda oprimir a las demás ni sobreponerse a la nación. Se sostiene que el estado emanado de la revolución no es un estado liberal limitado a la conservación de la paz interna y el orden jurídico, sino que está obligado a cumplir el programa de transformaciones sociales contenidas en la Constitución; que en todos los casos será la voluntad mayoritaria la que preserve o modifique las instituciones; que el sistema de economía mixta establecido en la Ley Suprema es expresión de la ideología de la Revolución Mexicana.

Más aún, en esa declaración de principios, se hace hincapié que el desarrollo educativo y cultural es indispensable para que el hombre y la sociedad alcancen plenamente el ejercicio de la libertad y la democracia, así como que la política exterior es un elemento sustantivo para lograr los objetivos del desarrollo integral del país, incluso que toda falta de probidad será condenable.

Así pues, el PRI está obligado a defender—si quiere recuperar la Presidencia—, el sistema de gobierno representativo, republicano, democrático y federal, el irrestricto respeto al sufragio, al federalismo, a la libertad municipal, al principio de la división de poderes y a la separación entre estado e iglesia, postulados que han sido vulnerados por los gobiernos tecnocráticos, paradójicamente por los propios gobiernos priístas. Y son estos postulados, entre otros más, los que Enrique Peña Nieto está obligado a restituirle al pueblo de México, ya que sólo así podrá ganar la contienda electoral de julio próximo, si se desentiende de estos lineamientos, ya sea por presiones externas, o inclusive, por decisión propia, la Presidencia volverá a caer en manos de políticos con una mentalidad autócrata, como en el caso del nefasto de Felipe Calderón, que desde el inicio de su régimen ha implementado una política de corte fascista. Por tanto, si el candidato del tricolor retoma los principios del Partido Revolucionario Institucional, hay grandes posibilidades de recuperar Los Pinos, de lo contrario, los mexicanos seguirán inmersos en un régimen antidemocrático, represivo, en donde ha reinado la ingobernabilidad, y como consecuencia, la violencia y la impunidad más insolente.