OLEGARIO ZAMUDIO

Esos jóvenes del 132 no los atraen los del PRI, porque ya los trae otro partido, me insistía recurrentemente el Ing. Antonio Arenas egresado de la UNAM generación setenta y seis, me decía, no se puede hablar con ellos porque ya están convencidos de su actuar.

Las marchas del 10 de junio en Tepic Nayarit, día del movimiento estudiantil Jueves de Corpus han dejado una lección para los actores políticos de los diferentes partidos políticos en la entidad.

La ola de intención para repudiar en todo el país al candidato Peña Nieto, llegó hasta Nayarit y la actuación de los jóvenes autodenominados # somos 132 no fue menos en esta ciudad de Escutia, paralelo a ello, se realizó una marcha animada, donde contrariamente a los 132, los priyistas que marcharon por miles, le abrían el corazón al candidato presidencial del PRI.

La pregunta es: porque los jóvenes dirigentes de otros partidos, repudian a estos chamacos inquietos que casi son iguales a ellos en circunstancias de edad, sueños, afanes, jovialidad y esperanza, porque y como es que los autodenominados 132 andan fuera del contexto del Frente Juvenil Revolucionario del PRI, aun también,desde antes de ser lo que son con este nombre de números.

Pues la respuesta es simple, el Frente Juvenil Revolucionario del PRI (FJR) no existe, no se ve, no se sabe donde esta, ni que hace, además esos del 132, tienen esa denominación desde hace un par de meses para acá, ellos vivían ya desde entonces en las colonias, en las barriadas, estudiaban en alguna escuela, eran originarios de la costa, de la sierra, la pregunta sigue siendo porque nunca fueron a ellos, los responsables de las juventudes del PRI.

En que tiempo el FJR se ha dado a la tarea de pretender integrar jóvenes de intención progresista y revolucionaria, cuando fue que salieron a buscar este perfil para integrarlos en sus filas, como cuadros militantes del tricolor.

No lo hicieron por varias razones, me comentaba Ezequiel Bañuelos ex dirigente juvenil de ese membrete del PRI, la primera razón, es porque están limitados en ideas e imaginación, tienen desinterés por la cosa publica, son dirigentes clientelares, aparte los partidos políticos se convirtieron en agencia de colocaciones laborales, los partidos políticos tienen dueño y el dirigente como patrón pone a sus empleados a dirigir asuntos políticos sociales.

Los Jóvenes del PRI por ahora, no pretenden construir el país como algo que signifique puntal de desarrollo, mas bien los jóvenes de ahora lo que pretenden construir es el futuro de ellos mismos, es decir acceder a un buen trabajo en el gobierno para asegurar la manutención familiar y personal.

Ahora diré, que en mis tiempos, los dirigentes juveniles del PRI eran muy activos, de ser por hoy los dirigentes de ese membrete juvenil, ellos mismos les hubieran llevado a los del # yo soy 132, mantas, aparato de sonido, refrescos, agua, cartulinas y lo mas sustancial hubieran llevado lideres para encabezar ese movimiento, hablo de; Luis Carrillo Ventura, Arturo Elenes, Jesús Ahumada, Martin Zamora, Rubén Cerón Palacios, Chavita Hernández, Cuauhtémoc Cárdenas y algunos mas que se me escapan de la memoria.

Lo que le falta a los partidos políticos y a su Presidente el Lic. Francisco García Villela quien también tiene una empresa de tamarindos, es insistir en la ideologización para fortaleceren ellos, una verdadera representación popular, a los chamacos FJR les hace falta dejar de ser, algo más que un hice cream de fresa con sabor a mermelada, les falta ponerse la camiseta del servir y ser el # 132, no nada más de un partido político o de un candidato para repudiarlo o para quererlo.

Les hace falta ser el piloto de los afanes de los jóvenes que son padres de familia, de las jóvenes viudas causa del narcotráfico, de los jóvenes jornaleros, los obreros, los campesinos, los pescadores, los estudiantes, los indígenas, los profesionistas, los empresarios, etc.

Deben saber los jóvenes del FJR que ante el vacío de participación, de liderazgo, el espacio que dejan ellos es llenado por otros, deben entender que tienen la obligación imperiosa de ir hacia donde los jóvenes y calar en la conciencia de ellos, integrándose al unísono hasta como generación, si ellos no lo hacen, otros van a ir y los van a convencer, no existe un vacío absoluto.