Por: Juan Fregoso
Acaponeta, Nayarit.-A escasos metros de las vías del ferrocarril se encuentra un cuarto en obra negra, de su interior emana un tufo pestilente que obliga a usar un tapabocas o algún paliacate para evitar aspirar las miasmas hediondas producidas por trapos viejos, heces fecales e infinidad de objetos malolientes utilizados por jóvenes que por las noches se reúnen a drogarse, denunciaron por enésima vez, vecinos de la calle Veracruz.
Algunos informantes, que pidieron el anonimato, dijeron que todas las noches esta casa representa un grave peligro para todos los que viven en esta área. Todas las noches, reiteraron, aquí se encierran grupos de jovenzuelos a consumir todo tipo de drogas. En ese cuarto no solamente entran varones sino también jovencitas, todos ellos se reúnen en el cuarto a consumir estupefacientes y a practicar orgías ante la impotencia de los vecinos y ante la indiferencia de las autoridades, que nomás pasan por dicho lugar, haciéndose de la vista gorda, aseveraron.
Un habitante de este barrio, refirió que hace algunos años a un hijo de él intentó asaltarlo esa banda de malvivientes, pero como se opuso a ser asaltado, corrió a su casa que está frente a esta madriguera de malhechores; le dispararon, dos balas hicieron blanco en su cuerpo y una más se impactó en la pared de su vivienda; estuvo al borde de la muerte, pero por fortuna la libró, dijo el quejoso, que no quiso dar su nombre por a las represalias.
Los habitantes de este lugar, explicaron que este inmueble fue construido por un señor al parecer del estado de Jalisco, en donde instaló una báscula para pesar el sorgo, pues según dijo ese hombre que se dedicaba a la compra de este cultivo. Sin embargo, dejó de repente dejó de venir, abandonado todo y desde entonces el cuarto es usado por hombres y mujeres para llevar a cabo actividades ilícitas.
El padre del muchacho que fue baleado, no hace mucho tiempo, invitó al reportero a ver directamente el mencionado lugar. Y en efecto, allí pudimos constatar un verdadero foco de contaminción; es una pequeña morada donde antes de entrar se percibe un olor picante, que hiere la nariz, que provoca náuseas. Hay un montón de basura, ropa vieja, jeringas desechables, con las cuales los jóvenes se inyectan algún tipo de droga que los conduce al paraíso artificial; es en realidad, un picadero, expresan con temor otras personas, una amenaza para quienes vivimos aquí, comentaron.
Lo extraño del caso es que este picadero, como ya lo bautizó la gente está asentado en la orilla de la calle Veracruz, al norte de Acaponeta, en un barrio muy populoso, y por donde transitan toda clase de vehículos, incluidas por supuesto las unidades policiacas, las cuales jamás se detienen a revisar el inmueble, ya que ni siquiera voltean a verlo, con lo que demuestran que no les interesa la seguridad de los acaponetenses, que se encuentran a merced de la delincuencia.