Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Nunca supe sus apellidos y no recuerdo haber cruzado una palabra con ella, pero no conozco un Santiagoixcuintleño de aquellos tiempos que no coincida en opinar que nadie hacía los sopes, enchiladas, tostadas y el pollo frito con ese estilo tan peculiar como el de Doña Camila, madre de El Cubano José León Bass, abuela de su nieto Ismael El Pollo Ronco y de su guapa nieta Gloria, que vivían por la calle Allende y sacaban la mesa de cena todas la noches ahí en la esquina (con la 20 de Noviembre) donde se ponía el Maestro Rolón (el Rey de las Tostadas de Queso de Puerco) –por un ladito- y seguían otras fritangueras pero ninguna como nuestra heroína. Lloviera, tronara o relampagueaba como decía el Ney, desde las seis o siete de la noche empezaban los viajes de sus ayudantes -doña Chagüa y familia, que después también sacaba su mesa- y doña Camila despachaba platos y más platos de antojitos mexicanos, siendo su especialidad los sopes y las enchiladas, con queso y cebolla colorada, lechuga picada o entera, jitomates, papas -tan doradas como los pollos- chiles serranos y salsa nalgueada, sin faltar la espumante taza de café negro –de olla, y de capitoso aroma- endulzado con aquellos cuadrados terroncitos de azúcar blanca o panocha prieta (de penca, porque todavía no había de pirámide) sin faltar sus tortillas doraditas y, por si no se llenaban, unos frijolitos refritos en manteca con su quesito fresco o enchilado que se le desbarataba con el tenedor para hacerlo papilla y vás pa´dentro

Dice la leyenda que antes de Camila hubo otra señora tan famosa como ella que vendía lo mismo en ese lugar y que era muy mal hablada, por cierto que se le atribuye la conocida exclamación de Polorma que hizo famosa cuando un militar (en tiempos de la revolución) llegó a cenar demandando atención sin hacer cola, a lo que la dama defendiendo a su clientela que ya tenía rato esperando le dijo en su cara al Capitán: Polorma suya, usted será muy militarzote pero aquí va por orden –Y se tuvo que aguantar el uniformado, festejando el exabrupto-. Esto lo platicaba don Toribio Parada, que vivió aquellos tiempos y que en sus correrías vendiendo barilla lo comentaba por los ranchos que recorría.

Pero siguiendo con Doña Camila, posteriormente se instaló (si mal no recuerdo) por ahí en donde estaba el expendio de hielo de don Rafael Tortajada, en el portal de la tienda El Progreso de doña Lupe, la viuda de don Aristeo –padres del Ingeniero Ramón López Langarica- con su cuarto, un refrigerador (en el que despachaba aquellos Orange Crush congelados y los vaciábamos al vaso de leche para hacer los primeros raspados de refresco, junto con las cocas colas y las pepsis).

Cuentan las malas lenguas (de las que abundan en Ixcuintla) que doña Camila se halló un jarrón de monedas de oro en el pequeño corral que utilizaba para guardar y engordar los pollos ¡Sabrá Dios! Pero se dio el lujo de comprarle a la familia varios carros de Transportes del Pacífico a los que les pusieron letreros de los Millonarios I y Millonarios II.

Lo que sí era cierto que fue una persona muy trabajadora y que, Control Señores Control Pocas cocineras que siguieron sacando cena igualaban la sazón de sus pollos o gallinas asadas. Rociados con aquella salsa tan exquisita que difícilmente se ha superado en nuestros tiempos Con decirles que las doñas de esa época mandaban por su plato de cena cada noche aunque hicieran sacrificios extras para conservar la línea ¡Qué tiempos tan especiales!... ¡Ni la manteca de cóchi hacía daño!

311 145-18-81