El centrocampista español Rodri, número 16, levanta el trofeo mientras el equipo celebra durante la ceremonia de premiación de la final del Mundial de Fútbol de 2026 entre España y Argentina en el estadio New York/New Jersey en East Rutherford el 19 de julio de 2026.

Estados Unidos. España conquistó la final de la Copa Mundial más grande en la historia del futbol. Durante casi seis semanas y 104 partidos, la Roja defendió la idea del trabajo en equipo como la característica única de su juego. Todos para uno y uno para todos, aquel lema que Alejandro Dumas inmortalizó en ‘Los tres mosqueteros’ llevó al monarca de Europa a su segundo campeonato del mundo al vencer en la prórroga 1-0 a Argentina en el MetLife Stadium, un escenario que hasta el jueves se encontraba sumergido en el humo procedente de los incendios de Canadá y que, horas antes del silbatazo inicial, sufrió las perturbaciones de tormentas eléctricas con riesgo de inundación.

Dieciséis años después de estrenar su palmarés en la mayor cita de este deporte (Sudáfrica 2010), el equipo de Luis de la Fuente fue fiel a su receta de dominio y posesión, una fórmula que le permitió construir una defensa de acero. El gol de Ferrán Torres (106), autor de un zurdazo furioso a pase de Nico Williams, puso fin al heroísmo del arquero Emiliano ‘Dibu’ Martínez, la gran figura de una calurosa jornada a las afuera de Nueva York, con al menos 11 atajadas, la mayoría de ellas con dirección a su portería.

La victoria de la Roja significó también la despedida de Lionel Messi, quien a sus 39 años jugó -según ha declarado- su último encuentro en un Copa de la FIFA, sin poder defender la corona conquistada en Qatar 2022. En la última función de un gigantesco torneo que ofreció emociones, sorpresas, dramáticas remontadas, goles espectaculares y controversias -desde las tensiones políticas en torno a la participación de Irán hasta las críticas contra innovaciones como las pausas de hidratación, impopulares entre miles de aficionados- el capitán de la Albiceleste no pudo mantener el brillo.
¿Cómo hicimos para recuperar la esencia de esta selección?, se preguntaba el seleccionador rosarino, Lionel Scaloni, en la previa del partido. Diciéndole a los jugadores que compitan como en el potrero. Y eso fue precisamente Argentina: potrero, un estilo amateur y callejero, caracterizado por la fuerza, la improvisación y el talento individual a falta de ideas. El campeón de 2022 perdió por lesión a sus dos centrales titulares, se quedó con un jugador menos tras la expulsión por doble tarjeta amarilla de Enzo Fernández y sobrevivió gracias al árbitro, que lo rescató un par de veces anulando tantos en contra.
A pesar de las adversidades, no hubo en este Mundial -realizado en tres países y con 48 selecciones- un rival que bailara mejor sobre el alambre que la Albiceleste, mucho menos uno más peligroso al estar herido. En más de 120 minutos de la final, España concretó más de 20 ataques y 740 pases completos, desplegando un tiki-taka parecido a las bellas artes: toque, desmarque, velocidad y precisión. La Albiceleste sólo una vez tocó a la puerta de Unai Simón, ya con el marcador en contra en tiempos extra y ante la urgencia de volcarse al ataque con todos sus hombres. Si resistió contra viento y marea no sólo fue la presencia de Messi, sino por las manos salvadoras de Martínez.