Por Sergio Mejía Cano

Aquella noche del 02 de julio de 2000, cuando se estaba confirmando el triunfo de, Vicente Fox Quesada a la Presidencia de la República, este acudió a las inmediaciones del Monumento a la Independencia, en donde ya se habían reunido varios ciudadanos para celebrar este triunfo del candidato del PAN.

Cuando Vicente Fox se hizo presente en el templete ahí armado, la multitud comenzó a gritar: no nos falles, no nos falles. Fox Quesada puso una cara de sorpresa tal como si no comprendiera el significado de este grito, tal y como si no entendiera a dónde había llegado; una cara que, posiblemente pudiera decir en aquel momento para los lectores de las reacciones del cuerpo humano, lo pudieran haber interpretado como reconociendo el propios Fox Quesada que ya lo habían descubierto en que sí iba a fallar y mucho a quienes creyeron en sus dimes y diretes de que sacaría al PRI de Los Pinos para siempre; respondiendo a estos gritos: no les voy a fallar.

Sin embargo, prácticamente desde su toma de posesión comenzó a fallar al enarbolar un crucifijo en los días posteriores a la ceremonia de su toma de su investidura como presidente de la República Mexicana; sin embargo, ya una vez designado como presidente electo, acudió a la Basílica de la Virgen de Guadalupe a agradecer su triunfo arrodillándose ante la imagen religiosa, por lo que de entrada, desconoció automáticamente el Estado Laico que rige en nuestro país; aunque claro está, pues hubo personas que decían a los que criticaban su asistencia a la Basílica que, aún no tomaba protesta ni había dicho aún que respetaría y haría respetar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Pero, ¿y cuando enarboló el crucifijo de madera que le dio una de sus hijas en el Auditorio Nacional? Ahí sí ya había protestado cumplir nuestra Carta Magna; sin embargo, al parecer le valió gorro violar flagrantemente el Estado Laico. Pero, además, rompió infinidad de protocolos acordes a lo que significa la investidura presidencial, como mostrándose dicharachero, muy echado para adelante; gritándole al cantante, Manuel Mijares una noche del 15 de septiembre, en donde después del tradicional grito, quitándose el saco le gritó a Mijares: ahí te voy, Manuel, cuando este ya estaba cantando en la Plaza de la Constitución, también conocida como el zócalo.
Cuando Vicente Fox comenzó su campaña para buscar la candidatura a la Presidencia de la República y ya una vez como candidato, decía constantemente en referencia a los priistas que acabaría con las tepocatas, alimañas, víboras prietas y que caerían una gran cantidad de peces gordos; frases que, obviamente llamaron la atención de mucha gente; gente que se dejó encampanar y se fue con esa finta que, con el tiempo y, a lo largo de su sexenio demostró claramente lo que varios sectores de la sociedad intuían: que era un vil títere manipulado por su padre putativo, Carlos Salinas de Gortari.
Vicente Fox no solo no sacó a las tepocatas, alimañas y víboras prietas de Los Pinos, sino que las alimentó, engordó y protegió para tiempos venideros mientras se creaba otro ser manipulable y moldeable: Enrique Peña Nieto, sin preocuparse en lo absoluto del sucesor de Fox, pues ya estaba listo el siguiente títere: Felipe Calderón Hinojosa; nada más que había una nube muy pesada en el horizonte que había que bloquear a costa de lo que fuera y, de cualquier modo: Andrés Manuel López Obrador.
Pero no había problema alguno, pues el aparato poderoso del PRI seguía en vigor, el que ya había sorbido el menguado poder del PAN, por lo que se ideó el desafuero del entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, por el que no hubo problema al inventarle algo absurdo, pues PRI y PAN sabían que, con su mayoría en ambas Cámaras legislativas y el Poder Judicial de su lado, no tendrían bronca alguna para desaforar a quien lideraba las encuestas en la preferencia del electorado para las elecciones presidenciales de 2006, precisamente, Andrés Manuel López Obrador.
Pero no contaban los ya abiertamente declarados como prianistas, con esa preferencia del electorado que era real y no ficticia como todo lo que inventaban en las otrora dos fuerzas políticas del país: PRI y PAN, por lo que tuvieron que dar marcha atrás en cuanto a no dejar aparecer en la boleta electoral a su acérrimo adversario.
Vicente Fox le dio el beso de Judas a Josefina Vázquez Mota y prefirió a, Enrique Peña Nieto y, ahora, se arrodilla ante, Alejandro Moreno Cárdenas diciendo, misión cumplida.
Sea pues. Vale.